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Publicidad de sanidad privada

Trabajadores de la sanidad pública en el pasillo de un gran hospital valenciano.

Trabajadores de la sanidad pública en el pasillo de un gran hospital valenciano. / HECTOR FUENTES

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Blas Bernácer Alpera

Hola. Soy suscriptor desde hace años de su diario y hay un asunto que quería comentarles desde hace tiempo.

Soy médico recientemente jubilado tras 40 años en la sanidad pública. Quisiera indicarles que cuando ustedes publican una publicidad de clínicas e instituciones privadas casi resulta imposible distinguirla de una información ad hoc. Les rogaría que hicieran clara esa distinción por respeto al lector y ciudadano, que ya anda bastante confuso.

Por otro lado, entiendo que deben financiarse y obtener beneficios. Es legítimo en cualquier negocio. Pero la masiva publicidad que está apareciendo últimamente de clínicas privadas (prácticamente tras cada párrafo en un artículo que leí) es, aparte de molesta, un elemento que ayuda al hundimiento de la sanidad pública

No sé si hemos entrado en un proceso irreversible, pero es posible que sí. Como leo en sus editoriales una posición clara de su diario a favor de los servicios públicos, les ruego que reflexionen sobre sus fuentes de financiación. La sanidad privada es deletérea para la pública y fomenta la inequidad. Provoca una pérdida de recursos humanos incontrolable. La apertura de seis nuevos hospitales privados en Valencia en los últimos tres años no ha sido una buena noticia. Al contrario. Ha sido malísima. Deteriora el servicio público de tal forma que llegará a ser un servicio de beneficencia, como en los EEUU, cuya sanidad para la gente normal es muy deficiente y provoca la hecatombe de la economía familiar. 

Los médicos no se van al extranjero. Se van a las privadas. Hay un aluvión de peticiones de reducción de jornada para ello. También pasa con otras categorías profesionales.

En fin, perdonen la extensión, pero estoy francamente preocupado por la evolución de la sanidad valenciana de la cual he sido miembro muchas décadas.

Sigan con su línea de apoyo a lo público. Pero comuniquen a sus lectores también la amenaza de colapso que ya cierne sobre nosotros y es que no podemos dejar nuestra salud global en manos del mercado.

Saludos

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