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Cartas al Director

Los hijos como armas para saldar las cuentas de los adultos

La psicología familiar advierte sobre el conflicto de lealtades y la ansiedad que sufren los menores expuestos a la confrontación entre sus progenitores.

Imagen de archivo de una familia.

Imagen de archivo de una familia. / Pixabay

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Vicente Pellicer García

En los procesos de separación familiar existe una realidad devastadora: la instrumentalización de los hijos como medio de presión, castigo o confrontación entre los progenitores.

Cuando un niño es expuesto al divorcio de sus padres deja de ocupar el lugar que le corresponde y se convierte en una pieza más dentro del conflicto de los adultos.

La psicología familiar ha descrito las consecuencias de estas dinámicas: conflicto de lealtades, ansiedad, sentimiento de culpa, confusión y deterioro de la propia identidad. El niño puede sentir que querer a su padre significa traicionar a su madre, o viceversa. Y obligar a un hijo a elegir entre papá o mamá constituye una de las formas más repugnantes de violencia emocional.

Lamentablemente, el interés superior del menor es un concepto jurídico vacío en nuestra legislación. La crianza compartida de los hijos en común tras una separación, si no hay acuerdo entre las partes, sigue siendo la excepción, lo que aboca a desencuentros en un momento de máxima inestabilidad como es de por sí un divorcio. Pocos padres y madres tienen la suficiente madurez emocional como para anteponer el bienestar de sus hijos en tales circunstancias, con una legislación de familia claramente adversarial.

La verdadera grandeza de un padre o de una madre no se demuestra apartando judicialmente al otro progenitor, sino cuando a pesar del propio dolor, permitimos que nuestro hijo sea libre de amar al otro.

*Vicente Pellicer García es Doctor en Medicina.

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