El peligro no es el reguetón

El cantante de reggaeton Daddy Yankee durante un concierto / EFE/Thais Llorca
Alberto Barata Aznar
Tenemos la tendencia a culpar al reguetón de las actitudes de nuestros jóvenes por sus letras sexualizadas o violentas. Pero quizá estemos equivocando el diagnóstico.
Que un adolescente escuche una canción que habla de tocar el cuerpo de una mujer o de sacar una navaja si alguien le provoca no significa que vaya a admirar o imitar esas conductas.
Conozco jóvenes que escuchan esa música y otros que no. Y basta observarlos para comprobar que la diferencia no está únicamente en lo que escuchan, sino en el entorno en el que crecen: la educación recibida, la familia, los amigos, los referentes y su capacidad para interpretar críticamente aquello que consumen.
Dos adolescentes pueden escuchar la misma canción y reaccionar de manera completamente distinta. Uno puede entenderla como provocación o entretenimiento; otro puede asumir su mensaje como modelo.
Por eso quizá la pregunta no sea qué hace el reguetón con nuestros jóvenes, sino qué hace que algunos encuentren atractivos determinados mensajes mientras otros los rechazan.
Antes de culpar a una canción, deberíamos preguntarnos qué estamos haciendo con quien la escucha.
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