David Navarro cumple con prácticamente todos los estereotipos que acompañan a un futbolista. Es, entre otras cosas, temperamental sobre el césped y tranquilo fuera de él. Contundente y enérgico en el cuerpo a cuerpo y benévolo en el trato directo. El central del Port de Sagunt es, mirando al horizonte y con el sonido del Mediterráneo de fondo, dónde desconecta y se olvida de todo lo que tiene que ver con el fútbol, la profesión a la que se dedica desde los diecisiete años. Con una carrera que prácticamente ha discurrido en Valencia „del Valencia pasó al Mallorca, de ahí al Neuchatel para aterrizar en el Levante„, el central se define como «un enamorado del mar». Ante él encuentra la paz.

Con cinco años descubrió, acompañando a su padre, que le «gustaba muchísimo» pescar desde la costa, una afición que aún mantiene porque le «relaja» y que le puede llevar a estar hasta doce horas junto a la caña para sobre todo «pescar doradas». Con 19, y fue su primer «capricho», se compró un barquito. Ahora, y tras superar los exámenes de Patrón de Navegación Básico (PNB), Patrón de Embarcaciones de Recreo (PER) y el de Patrón de Yate (PY), el porteño cuida a «Jabonero» , el yate que tiene amarrado en el Puerto de Siles en Canet d´en berenguer . Allí, dónde pasa desapercibido, acude prácticamente todos los días porque es él quien se ocupa del mantenimiento del barco porque es una actividad que le permite «desconectar» y «cargar pilas». «Mi vida es muy normal. Vivo en el Port de Sagunt porque es mi casa y dónde más cómodo me siento. Cuando no entreno, o estoy con mis hijas, o estoy en el barco», relata.

Con 34 años, aún no piensa en qué hará profesionalmente cuando cuelgue las botas „ «espero que falten varios años», suspira„ pero sí qué probará: esquiar. «Tengo ganas de aprender. Mis niñas saben y yo no y eso me... Cuando me retiré lo probaré», avanza. Hasta entonces seguirá llevando una vida «de lo más normal».