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Bombeja agustinet

Anoeta 2004 como síntoma

Hace poco un amigo me confesó que el día del ascenso de Xerez fue el más feliz de su vida. Para muchos de ustedes también, seguro. Aquella explosión de júbilo estuvo alimentada por 40 años de anhelos y frustraciones. Y es que el levantinismo previo a Xerez fue una militancia irracional, pasional, incomprensible incluso, una de esas odiseas que no suelen salir bien. De ahí los sentimientos desbordados tras la llegada a Ítaca.

Se suele hablar del «verano del amor» para referirse al de 1967, en California. Para el levantinismo, el de 2004 fue el verano de la alegría incontenida. En las calles de Valencia se distinguía a los «granotes» por sus amplias sonrisas. Al fin llegó el 4 de agosto y el Llevant saltó al césped de Anoeta como equipo de Primera, capitaneado por Alberto Rivera, equipado con una zamarra blaugrana-Paul Klee y con aquel entrañable brazalete de la Senyera de dos barras rojas. Tras él Mora, Pinillos, Culebras, Harte, Ettien, Camacho, Nacho, Reggi, Cuéllar€ A lo largo de la temporada tendrían protagonismo otros como Jesule, Celestini, Juanma, Jofre, Congo o Sergio García. Sin duda, un auténtico equipazo, formado a golpe de talonario por un presidente y una directiva que, aunque nadie lo sabía aún, estaban gestando la peor crisis económica y social de la historia «granota». Allí estaba también un jovencísimo Quico Catalán, como responsable de las relaciones institucionales y con los medios de comunicación.

¿Y cómo es posible que aquel equipo descendiera a Segunda? Hubo diversos factores (arbitrajes, inestabilidad social, cambio de entrenador, sospechas de amaños€) pero el más decisivo fue que en aquel tiempo, en Primera, había un nivel competitivo muy superior al actual. En los últimos 10 partidos de Liga, el Llevant solo consiguió 3 empates y 7 derrotas. En comparación con aquella campaña, la Liga 2014-15 es la más pobre que se recuerda en la parte media-baja de la tabla. Y ese es, no lo perdamos de vista, el principal motivo por el cual el Llevant UD está con un pie y media en Primera. De igual forma que el año pasado, el principal motivo de la salvación de la escuadra de Caparrós se llamó Keylor, el mejor portero del mundo. El Llevant está jugando con fuego.

Vivimos tiempos marcados por el «like» y el «retuit», con ansiedad por conseguir satisfacciones inmediatas y poca reflexión para conquistar otras más duraderas. En este contexto, tras la victoria ante el Córdoba, han aflorado inquietantes noticias sobre el futuro del Llevant, sobre intenciones, renovaciones y planes. Sería bueno que jugadores y cuerpo técnico se centraran en certificar la permanencia en Anoeta y más tras asistir, de nuevo, a otra victoria miraculosa más, como la de Getafe, esta vez ante un colista desahuciado. Ni los más viejos del lugar recuerdan una campaña con tantos puntos cobrados en los últimos minutos ni de tantas victorias poco merecidas. Este inventario, y no la fría estadística, debería contemplarse en los planes a largo plazo. Para que mi amigo de Xerez y tantísimos otros como él no sigan yendo a Orriols con la resignación a cuestas. Para que podamos vivir de nuevo el levantinismo desde la ilusión. Tiempo habrá de pensar en ello con la permanencia en el bolsillo. Y el paso definitivo podría ser la victoria ante una Erreala que no ha conseguido vencer al Llevant en los últimos 9 enfrentamientos. Aunque sea inmerecida la daremos por buena.

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