Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

¿Destino o casualidad?

¿Destino o casualidad?

¿Destino o casualidad?

405 días he necesitado para volver a ver puerta, y como delantera que soy, es demasiado. Pero los que seguís mis artículos semanales sabéis que casi todo este tiempo ha sido por lo peor que le puede para a un futbolista, estar fuera del terreno de juego por lesión. Aunque mis inicios con los niños en el UE Vilassar fueron como defensa central, o a lo que antiguamente se le llamaba «líbero», no fue hasta que fiché por el FC Barcelona a punto de cumplir los 14 años y ya teniendo que pasar a jugar con chicas, cuando me consolidé definitivamente como delantera, marcando ese año 86 goles, algo que jamás se me hubiera pasado por la cabeza.

Me acostumbré rápido a esa bonita sensación de meter un gol, a esa emoción que sientes mientras ves cómo el balón entra en la portería y las compañeras se acercan corriendo a abrazarte para celebrarlo, a esa satisfacción de saber que estás ayudando al equipo.

El destino, o la casualidad, quiso que el pasado fin de semana volviera a revivir esos bonitos sentimientos y aunque tenía claro que después de tanto tiempo si marcaba lo iba a celebrar por todo lo alto, no fue así. Uno de los valores más importante que enseña este deporte es el respeto, el que se tiene por un club al que quiero, al que pertenecí durante 4 años, y del que guardo algunos de los mejores recuerdos tanto deportivos como personales, el RCD Espanyol.

Esta vez no pude festejarlo. No obstante, estoy segura de que será el primero de muchos porque todo llega para quien sabe esperar, para quien trabaja por conseguir sus objetivos, y es que la ilusión no entiende de edades a pesar de mis 30, sino de sueños. Y porque estoy rodeada de un equipo, en mayúsculas: los egos se dejan aparte para dar paso al compañerismo, el «nosotras» está antes que el «yo».

Que el delantero vive del gol, es un hecho innegable, pero en mi cabeza solo existe la opción de disfrutar cada minuto sobre el terreno de juego, porque confío en cada una de mis compañeras con los ojos cerrados, sabiendo que cualquiera de ellas, sea la posición que sea la que ocupe en el campo, es capaz de transformar en gol cualquier jugada, hecho que no solo hará mejor individualmente a la propia jugadora sino por encima de todo, al colectivo, al Levante.

Compartir el artículo

stats