El principio de alerta que provocó la derrota en San Sebastián se mantiene en Orriols. De hecho, aumenta de manera paulatina conforme la competición avanza. La crisis se asienta en el Levante, que sigue empeñado en no salir del bucle de no sumar tres puntos de una vez por todas. El Rayo insistió hasta el último segundo y consiguió rascar un empate que mereció por completo, ya que peleó sin cesar y sin tener en cuenta las circunstancias. Sergi Guardiola, entrando como una bala desde atrás, fulminó en boca de gol el atisbo de ilusión que se creó entre una afición que, en caso de haber vencido, se hubiera ido a casa con la miel en los labios, al ver cómo su equipo no aprovechó las oportunidades que tuvo a la contra en la segunda mitad. El empate suma en la tabla, pero resta en todos los niveles. La autoestima se desestabiliza, las dudas crecen y los interrogantes se abren.

Todo, frente a un Rayo Vallecano que aterrizó en el Ciutat de València sacando pecho de su último y contundente triunfo, en forma de póker, ante el Granada. En Orriols les tocó saborear una sensación que, aunque no fue de victoria, supo de manera dulce. Fue quien más cerca estuvo del gol en la primera media hora de encuentro, a través de un Nteka que mostró imprecisión. El delantero francés no estuvo fino a la hora de ejecutar un envío aéreo de Álvaro García. Dudó entre controlar o rematar de cabeza, y aunque se decantó por la segunda opción, mandó el cuero por arriba de la meta de Aitor Fernández. El mismo ‘9’ del Rayo tuvo otra oportunidad clara para adelantarse en el luminoso, pero, pese a aprovechar un mal control de Campaña, se le bajó la persiana a la hora de definir. En carrera se las prometió felices, pero el cruce de Róber Pier y la salida de Aitor Fernández le privaron de sumar una diana que Isi Palazón se quedó a centímetros lograr. El extremo, quien salió al cuarto de hora de partido debido a la lesión de Merquelanz, lanzó un peligroso misil desde la media luna del área que, después de golpear en Campaña, impactó en el poste. Fue lo más cerca que estuvo el Rayo Vallecano de sumar un tanto que sí encontró el Levante.

Aunque el cuadro de Vallecas puso las ocasiones, los de Paco López pusieron garra e ímpetu desde el inicio sin disponer de claras oportunidades. La actitud azulgrana fue reconocida constantemente por una afición que, pese a estar en el Ciutat de València con limitación de aforo, se entregó de tal manera que, por momentos, pareció estar llenando las gradas de Orriols. Mediante dicho ecosistema, el Levante rascó una acción que se tradujo en oro para sus intereses. De nada sirvieron las protestas de Andoni Iraola y de su segundo cuando el colegiado fue a revisar la infracción al VAR. El remate de Vezo dentro del área, tras centro a balón parado de Carlos Clerc, impactó en el brazo de Pathé Ciss para que Alberola Rojas indicara el punto fatídico. 

La pena máxima se encargó de transformarla todo un especialista, en un ambiente en el que se gusta. Marcó en la última jornada del curso anterior ante el Cádiz, contra el Madrid y contra el Rayo. Con mirada desafiante y autoestima por las nubes, Roger Martí mandó a la red el uno a cero para demostrar que el gol es su principal virtud. 

El tanto del ‘9’ fue un alivio. Sobre todo, porque puso al Levante no solo en ventaja en el luminoso, sino también en cuanto a tranquilidad. Al menos en los últimos coletazos de la primera parte, ya que el Rayo Vallecano, en el segundo asalto, volcó todas sus armas para encontrar la igualada. Las ofensivas fueron regulares y al Levante solo le quedó rematar el choque a la contra sin fortuna alguna. De hecho, tuvo que sudar en exceso para conservar el marcador, ya que el dos a cero no subió al marcador pasados casi diez minutos de la segunda mitad. Pablo Martínez, quien estrenó titularidad en la élite, cazó un rechace de Dimitrievski, pero Dani Gómez, autor del golpeo precedente, recibió en fuera de juego. 

El 2-0 al 1-1

La invalidación del gol del ‘25’ dio alas a un Rayo Vallecano que metió sobre el terreno de juego verde pólvora en ataque, con Bebé, Unai López y Sergi Guardiola. El último, el causante de que la parroquia de Orriols, tras rematar el centro de un Isi Palazón que fue de lo más peligroso del conjunto de la franja, le recriminase al equipo la falta de intensidad y la sensación dubitativa que mostró cuando los madrileños dieron un paso al frente. La manera en la que el ex del Valladolid generó la tensión en las gradas se quedó en nada cuando puso la igualada en el luminoso, en el descuento y en el momento en el Ciutat de València cruzaba los dedos para conseguir la victoria. 

A través de la derecha, carril por el que el Rayo encontró su principal vía de incursión, Bebé mandó un balón fuerte al corazón del área y el ‘16’ solo tuvo que empujarla, ante un equipo que se quedó atónito y que recibió el golpe como una estocada. Un gol delirante para los de Vallecas y fulminante para los de Orriols, quienes, después de recibir un nuevo golpe que merma el estado de ánimo granota, buscan culpables.