La derrota en el Benito Villamarín deja en evidencia a un Levante que va en caída libre y que, de no dar un volantazo de manera inmediata, se va a pique. Las 15 jornadas sin ganar son el reflejo de la cruda realidad en la que se encuentra el club, perdido, sin rumbo. Ocho partidos después del arranque de la competición liguera, Quico Catalán tomó la decisión de dar un giro en el banquillo cuya consecuencia ha sido nula. El efecto Javi Pereira es papel mojado con una plantilla que tiene visibles carencias. Además, el ex del Henan Yianje es incapaz de interpretar los contextos que dan los partidos -ayer sólo hizo un cambio-. De hecho, es uno de los motivos por los que la figura del técnico Javi Pereira está en entredicho: su intención de priorizar las trayectorias y desaprovechar su fondo de armario donde habitan futbolistas con hambre, como Pablo Martínez, Dani Gómez o Pepelu.

Los llamados pesos pesados se encuentran en busca y captura. Tampoco los que ascendieron del barro hace cuatro años, como Morales, quien muestra un rendimiento irreconocible, o Campaña, quien es más tendencia por sus desplantes.

A falta de cuatro partidos para que concluya la primera vuelta de la liga, una de las esperanzas del club es el mercado de invierno. Un delantero que marque diferencias y un extremo que le otorgue al equipo la verticalidad deseada son los deseos que existen encima de la mesa. Eso sí, con una economía cogida con pinzas.

Mientras tanto, los focos, expectantes por ver cuál será su próximo movimiento, apuntan al máximo mandatario, Quico Catalán. Al principal responsable de un club que se deshace a pedazos. Una obra que presencia el presidente desde las alturas y que empieza a debilitarse, tras una derrota que agotó definitivamente la paciencia de la afición levantinista.