El Levante se encuentra en un estado de nerviosismo y de máxima incertidumbre, pero con la realidad de que ha sido incapaz de interpretar los distintos contextos que le ha dado el mundo de la pelota. A día de hoy, el levantinismo abre interrogantes sobre cuál fue el momento en el que el club se quebró. En el que pasó de vivir uno de sus mejores momentos a encontrarse en uno de los más críticos en toda su historia: colista en LaLiga, sin ganar un partido desde principios de abril y con unas esperanzas para salvar la categoría que, después de quince jornadas sin saber lo que es sumar tres puntos del tirón, se tambalean.

Las semifinales de la Copa del Rey son el punto de partida, aunque la situación deficitaria en términos económicos parte con anterioridad. Un mercado azotado por la pandemia, en el que el Ciutat de València no percibió ningún ingreso por ventas, empezó a cavar la tumba. El gol de Álex Berenguer, en la prórroga de la última ronda eliminatoria de la Copa, es la referencia, pero los acontecimientos posteriores, a caballo entre la toma de decisiones errónea y la mala fortuna, también pidieron una reacción.

Acabar la pasada temporada sin registrar una victoria en el casillero fue un síntoma de alarma y de fin de ciclo. No obstante, se decidió continuar con un proyecto que pidió refrescar y que, de lo contrario, se deterioró más allá de que la planificación fue difícil de cualificar. En un momento donde la necesidad de aligerar plantilla y minimizar la deuda era máxima, se engordó la cantidad de futbolistas. Pese a ello, es inevitable echar la vista atrás y considerar que existe una pizca de mala suerte. El gol de Espino en el último segundo del partido inaugural, el empate de Sergi Guardiola con el encuentro frente al Rayo Vallecano agonizando o el penalti fallado por Morales, y que cavó la tumba de Paco López, son circunstancias que cayeron del lado contrario a los intereses del Levante. Además, el giro de guión en lo que a cambio de entrenador se refiere, ha sido negativo. Cuatro derrotas y tres empates en siete partidos. Un balance insuficiente y que ha frenado en seco el intento de reacción granota.