Pese a que la clasificación refleje su condición de invicto en la categoría de plata, el empate (1-1) del Levante ante el Oviedo no sirvió, más allá del punto salvado, para obtener conclusiones positivas ni para mirar al futuro con certeza. El equipo dirigido por Mehdi Nafti, sobre todo en la primera parte, reflejó señales de vulnerabilidad y muestras de incertidumbre que fueron aprovechadas por un conjunto local que, a la que vio el estado de su rival, no dudó en castigarlo. El gol de Iborra nada más volver de vestuarios, además de caer como una bendición en clave granota, valió para sobrevivir un encuentro donde, en más de una ocasión, el Levante se vio contra las cuerdas. Pese a ello, el empate sirve, además de para sumar, para corregir a un equipo que debe resarcirse en su próxima cita liguera. Un punto insuficiente que ha de servir para coger impulso.

No obstante, el inicio fue una pesadilla, pese a que el Levante estuvo cerca de aprovechar un errático despeje de Aceves a través de Franquesa en los primeros coletazos de partido. Mustafi, de hecho, fue el cruel reflejo del encuentro que hizo el cuadro de Nafti: aciago, desafortunado e impreciso en toda su expresión. A los 10 minutos del comienzo, el central alemán se retiró lesionado con claros síntomas de dolor en la rodilla. El ‘5’, que empezó a ver la luz al final del túnel con su gol ante el Tenerife tras más de medio año en el dique seco, desestabilizó la defensa de un Levante que vio cómo su futbolista, salvo pronóstico favorable, deberá iniciar un nuevo y largo proceso de recuperación.

Fue un escenario que tuvo su repercusión en el partido, directa o indirectamente, cinco minutos más tarde. Al cuarto de hora del inicio, Montoro descargó a la banda diestra para hacer buena la carrera de Lucas Acevés, que desde el perfil derecho, envió un centro aprovechado por Sergi Enrich. No por la virtud de su aportación, sino por encontrarse con un cúmulo de errores defensivos que desembocaron con el balón en el fondo de las mallas. Cárdenas despejó de manera defectuosa, Vezo no fue fuerte al corte y el cuero se quedó muerto en el área pequeña. Ideal para que el ‘23’ carbayón perforase la portería levantinista.

El primer tanto del choque fue un revés de gran magnitud para un Levante que, a lo largo de la primera parte, no encontró su sitio. El gol encajado fue un aviso, pero no hubo ningún síntoma de mejora. Joni Montiel, a través de un disparo fuerte desde la lejanía del área, intentó empujar a su equipo, pero nadie actuó con precisión. Todos, para lamento de un Nafti desquiciado, jugaron desde la escrupulosidad y sin hacerle apenas cosquillas al adversario. Por ello, al deficiente primer asalto le quiso poner remedio el entrenador levantinista queriendo imprimir verticalidad sobre el césped. Jorge De Frutos, levantinista a todos los efectos después de tener un mercado de fichajes mareante, entró en el descanso por Cantero, impreciso mientras pisó el rectángulo de juego. No obstante, el encargado de recuperar la esperanza por obtener el botín de los tres puntos en el Carlos Tartiere fue Vicente Iborra.

Iborra volvió a marcar como granota

El ‘10’, caracterizado a lo largo de sus años lejos de Orriols por ser un caza goles más allá de sus facultades en la medular, perforó la meta de Tomeu Nadal después de que Wesley Moraes sacase petróleo de un saque de banda. Postigo catapultó el esférico, el ‘7’ lo prolongó y el valenciano puso la cabeza para colocar el empate. El equilibrio en el luminoso, de hecho, fue una exhalación que llegó en el instante idóneo. Antes de que el Oviedo se sintiese cómodo y con el camino de la confianza allanado hacia el triunfo. No obstante, a ambos les costó estirarse, hasta que, en el último cuarto de hora, se entró en un ida y vuelta en el que el Oviedo se sintió más fuerte. Sobre todo, tras la expulsión de Pepelu.

Pese a ello, el Levante tuvo la más clara del partido, antes de que un disparo de Javi Mier levantase a la afición del Carlos Tartiere ante su peligrosidad, pero al que Dani Cárdenas se encargó de rechazar. Rober Ibáñez manejó y condujo el contragolpe, abrió a Franquesa y Soldado, cabeceando el centro del lateral, la mandó rozando el palo. Aunque el cuadro de Jon Pérez Bolo apretó los dientes en el tramo final, no sirvió para desequilibrar un marcador que le tiene que servir al Levante para reflexionar.