Perder cuatro puntos en el último suspiro no dejó de ser una situación accidental. Nadie es perfecto. Ni en el fútbol, ni en la vida. Pero, después de sufrir ambos baches, el Levante demostró estar más vivo que nunca en su pelea por ascender de manera directa. Los empates contra Las Palmas y el Lugo no condicionaron a un conjunto levantinista que vive el fútbol con la ilusión de ascender de categoría y que, tras vencer al Málaga por la mínima (1-0) gracias a un gol de Iborra, alza la vista hacia las posiciones de ascenso directo con más firmeza que nunca. Sin dudar del potencial que atesora, pero, ya sea por lo civil o por lo criminal, cumpliendo con su condición de favorito para el ascenso. Tres puntos más para el casillero granota. Los mismos que hay de distancia con el líder, Las Palmas, que ya ve de reojo la escalada del Levante.

Los prolegómenos del partido predijeron un adversario engañoso, cuyo nivel, tanto por juego como por plantilla, no reflejaba su posición en Segunda División. Sin embargo, al conjunto de Javi Calleja no le importaron los rumores previos a la hora de la verdad. Fiel a su estilo, el Levante no negoció con su filosofía de atacar al rival desde el inicio, aunque el Málaga, con urgencias por su situación clasificatoria, prefirió resguardarse en defensa, con la esperanza de, mediante la verticalidad de sus hombres, contragolpear de manera veloz.

Los primeros compases no le dieron la razón a los de Pepe Mel, pese a que, superado el cuarto de hora, una salida proyectada por Javi Jiménez, y finalizada por Rubén Castro, obligó a Cárdenas a estirarse para evitar el tanto del andaluz. No obstante, el que más se acercó con peligro fueron los locales. Cantero, en su primera titularidad con Javi Calleja, y en medio de los rumores procedentes de Zaragoza sobre una salida en dirección a La Romareda, avisó después de recibir un pase de Vezo y toparse con la figura de Rubén Yáñez. Pese a ello, el que se encargó de levantar al público de sus asientos con sus acciones, y el que más cerca se quedó de perforar la portería, fue Joni Montiel.

El ‘20’, antes del quinto minuto de choque, impactó un balón en un defensor, pero después, rozó el gol en dos ocasiones. De hecho, se quedó a centímetros en cada una de las veces. Primero, con un duro lanzamiento de falta directa que no solo se encontró con el palo, sino que terminó superando la línea de fondo después de pasearse por la línea. Y después, con otro disparo desde media distancia que se fue rozando la escuadra. El nacido en Vallecas se gustó, e invitó a pensar en un desenlace positivo transformado en victoria. No en vano, el VAR salvó al Levante, al borde del descanso, de verse por debajo en el electrónico.

Una pérdida de Son fue convertida en una contra que terminó en el fondo de la red. Febas recogió en tres cuartos de campo, abrió a la derecha para Villalba, el valenciano centró al punto de penalti y Rubén Castro, solo ante Cárdenas, cruzó el envío para convertirlo en gol. El run run llegó a sonar en el Ciutat, pero, para alivio de la grada, el mítico atacante finalizó en posición antirreglamentaria. Un tanto que sirvió de toque de atención. El Málaga, además de no poner facilidades, miró de frente al Levante. Con sus armas, pero sin alterar su planteamiento. El descanso, visto lo visto, fue un alivio y un respiro para buscar soluciones.

Al Levante, de hecho, le costó ser el Levante cuando se reanudó el partido. Javi Calleja, atento en la grada a las instrucciones de Quique Álvarez, vio cómo su segundo movió piezas quitando a Son por Marc Pubill y, pasados diez minutos, a Cantero por Brugué. Incluso, la precipitación para que no se volviera a escapar la victoria estuvo latente incluso en los primeros compases del segundo tiempo hasta que la insistencia tuvo su recompensa. Tras un córner ejecutado en corto, Montiel, apurando línea de fondo, encontró la bota de un Brugué que estrelló el balón en el larguero, pero el rechace tuvo dueño desde que la madera repelió la acción: Vicente Iborra.

El ‘10’, habituado a lo largo de su carrera a marcar en segundas jugadas, marcó su primer gol en el Ciutat de València desde que volvió al Levante cabeceando la acción. No solo el templo de Orriols estalló de alegría. También un Iborra al que se le erizó la piel cuando celebró con su gente un tanto que devolvió a su equipo a la senda de los triunfos. Visiblemente emocionado, festejó con motivos más que sólidos, para ponerse de nuevo el mono de trabajo en un partido donde el Málaga dio algún susto que otro. Es más, se estiró en ataque para intentar igualar la contienda.

Issa Fomba, con un disparo desde fuera, probó los guantes de un Cárdenas que tuvo que ser atendido tras resentirse de un pisotón de Rubén Castro en la rodilla. Las molestias no le impidieron seguir, hasta el punto de que fue diferencial al parar una acción a bocajarro a Loren. Un mes después de la victoria ante el Sporting, Orriols volvió a sonreír y a ilusionarse. Wesley y Brugué también las tuvieron, pero Yáñez impidió un marcador más abultado. Las Palmas, líder de Segunda, está cada vez más cerca. Y el Levante, otra vez, vuelve a ser una amenaza.