El rendimiento de Pablo Martínez es de los aspectos más relevantes de un Levante que, al igual que el centrocampista, cotiza al alza. Su empate en Butarque, a pesar de coincidir con un Eibar y un Las Palmas que trasladan la sensación de que no aflojan en las posiciones de ascenso directo, no descentra la mentalidad de un equipo capacitado para hacer frente a las adversidades y, por encima de todo, pelear cada punto hasta el último suspiro. Contra el Leganés, el ‘6’ rindió nuevamente en la misma línea que en los últimos meses. Entregándose en acciones tanto en ataque como en defensa, dando músculo y oxígeno al centro del campo y apareciendo en las proximidades del área contraria. Una serie de características que no solo han encandilado al entorno levantinista, sino que le han otorgado, a base de grandes actuaciones, la oportunidad de ampliar su vinculación con el conjunto de Orriols, a la espera del comunicado oficial, hasta 2026. Sin embargo, Pablo Martínez ha alcanzado la estabilidad en la medular granota después de haberse curtido lejos del Ciutat de València, aunque su irrupción, en sus primeras experiencias en el Levante, despertó un interés que, tal y como ha sucedido en la actualidad, provocó que la anterior dirección deportiva moviese ficha para renovarle hasta 2024. Sucedió en los últimos coletazos de la temporada 19/20, un año después de firmar por el filial a cambio de tres cursos y en medio de una campaña donde tocó primer equipo a través de la confianza que Paco López depositó en sus servicios.