ANÁLISIS
¿Vencer o morir?... el miedo y la caída
El Levante UD cayó, de forma triste y desoladora, en la verdadera final ante el Valencia, delante de todo un Ciutat de València entregado en cuerpo y alma a su equipo... pero al que le volvieron a fallar
Una dolorosa derrota marcada por la falta de valentía, intensidad y agresividad en las disputas, una actuación muy alejada de lo que demandaba el partido

Los jugadores del Levante UD abatidos al caer derrotados ante el Valencia CF / LALIGA

"El derbi es una final", "Vencer o Morir", "La salvación pasa ante el Valencia"... repetían los aficionados granotas en las horas previas al gran batallón final ante el Valencia CF. Los levantinistas, ilusionados y confiados, tras la "revolución" anímica y futbolística del castrismo desde su llegada a Orriols, no eran conscientes de lo que vivirían unas horas después. Una auténtica pesadilla, difícilmente consolable y de la que los verdaderos granotas sufren y sufrirán las consecuencias de esta debacle. Ahora, deben hacerse dos preguntas para responder a todo lo demás. ¿Quién está ahí siempre y no volvió a fallar? Los levantinistas. ¿Quién no estuvo a la altura de las circunstancias? Los jugadores. Porque sí, el mayor activo y el único pilar insustituible es un Ciutat de València inconmensurable y vestido de gala para la tarde/noche más importante de la temporada. Además, el estadio protagonizó dos momentos únicos, para la historia: la pancarta de los Levante Fans en homenaje al nacimiento del club a raíz de la fusión del Levante FC y el Gimástico y a esos 117 años de historia desde su nacimiento en 1909. Además, la grada central situada en frente de Tribuna confeccionó un tifo blaugrana muy especial. Los nervios y la tensión estaban asegurados.
Una afición que se desgallitó como nunca, que gritó como nunca, que aplaudió como nunca, que saltó como nunca, que se ilusionó como nunca y que peleó como nunca por este club y por este escudo como nunca. ¿Y para qué?, se cuestionarán muchos granotas. La respuesta es sencilla: por su Levante. Y sí, la derrota fue triste y desoladora, pero como han hecho y hacen abuelos, padres y ahora nietos e hijos; la afición siempre seguirá ahí al pie del cañón, pase lo que pase. Y ahora todo se ve imposible, sin argumentos en los que creer, pero el miércoles el Ciutat volverá a vibrar y creer en los suyos... A veces nos olvidamos de que el fútbol sin sus aficionados no sería nada, pero en eso puede estar muy tranquilo el Levante. La crecida y rompedora marea granota siempre ha estado, está y estará hasta el infinito y más allá. Los jugadores se irán, los entrenadores se irán, el cuerpo técnico se irá... pero la llama levantinista, el sentimiento granota es eterno e irrompible. Ni los fracasos ni las degradaciones de categoría romperán este vínculo tan especial entre los granotas y su Levante.

El Ciutat de València protagonizó un tifo muy especial previo al encuentro ante el Valencia / LALIGA
La incomprensión del derbi: una oportunidad perdida
Los granotas saben lo que es un derbi, saben lo que significa un derbi... saben lo importante que es un derbi. Pero a los jugadores les faltó ese ímpetu propio de un partido de tal calado. Este no apareció en la ida y tampoco en la vuelta, con todo un Ciutat de València entregado en cuerpo y alma a su equipo... pero al que le fallaron. Es innegable que la vibra del equipo con Luís Castro al frente era completamente distinta a la anterior. La meritocracia, la actitud, la valentía, la autoconfianza e incluso su estilo e ideas futbolísticas vislumbraban un futuro esperanzador. Seis partidos competitivos, resistentes e ilusionantes... pero todo eso se perdió ante el Valencia. Nada tuvo que ver este Levante de los anteriores. Una involución que sorprendió a los granotas ya en los primeros compases del encuentro: sin empuje, sin arrojo, sin creatividad y sin ideas en ataque. Un equipo irreconocible. Pero esto no era un derbi cualquiera, era un batallón final por la permanencia, por seguir vivos y con confianza hasta final de temporada. Un duelo de vida o muerte, que terminó en una de las caídas más tristes y desoladoras de la historia levantinista.
Y... ¿Qué ha pasado? Además de la falta de ideas ofensivas, claridad con balón y ser sobrepasado tácticamente por el vecino, faltó lo más importante: entender que es un derbi y su significado tanto para la afición como para el propio Levante. En tu casa, bajo los ánimos de tu gente, se esperaba un equipo que saliese con todo a por a su máximo rival, ya que delante tenía a uno de los peores Valencias de los últimos años. Pero no, los de Mestalla sí entendieron lo que implica jugar un derbi, y lo aprovecharon. La derrota, aunque dolorosa, fue completamente merecida. Además, para el Levante era una oportunidad única para ganar y saldar cuentas pendientes con el Valencia, ponerse a cinco puntos de la salvación y recortarle distancia al conjunto valencianista, y por último, afrontar la otra final aplazada ante el Villarreal en el Ciutat de València con un chute de fe y optimismo para empezar la remontada de salir de los puestos de descenso. Pero no fue así. Una oportunidad de oro perdida. No solo era el partido más importante de la temporada porque fuese contra el Valencia, sino porque había media o más salvación en juego. Un golpe durísimo a la identidad, al corazón y al sentimiento de los granotas. Una tristeza y desolación difícilmente sanable.

Pablo Martínez, Kervin Arriaga y Dela desconcertados tras el gol del Valencia / LALIGA
Falló todo... y el derbi se fue
15 de febrero de 2026, una fecha marcada en rojo en el calendario, y que se ha esfumado sin el resultado esperado. Más allá de faltar esa agresividad e intensidad en los duelos, despejes y recuperaciones, aún faltó más en lo futbolístico. El conjunto granota no logró apretar e inquietar al Valencia, ni generar ocasiones claras de peligro (un tiro a puerta). Esto se debió a la falta de control, creatividad y pausa en ataque. Se vio a un Levante acelerado y nervioso ante la gran cita de la temporada. Además, uno de los puntos débiles del equipo fue la sala de máquinas, con un Pablo Martínez, Kervin Arriaga y Carlos Álvarez sobrepasados por la potencia de los jugadores rivales. Tanto a nivel defensivo como ofensivo el Levante estaba demasiado partido, sin estabilidad y sin firmeza en la medular.
A pesar de que los de Corberán tampoco hicieron un buen partido, fueron más efectivos y contundentes en las áreas. Hace ya muchos meses que los atacantes levantinistas no están respondiendo, lo que limita mucho las oportunidades de gol. Los Etta Eyong, Iván Romero o Carlos Álvarez no están siendo protagonistas, y están muy alejados de sus mejores versiones. El Levante los necesita más que nunca para seguir creyendo en la permanencia. Por su parte, Luís Castro volvió a ser valiente con su filosofía de la cantera apostando por el prometedor Nacho Pérez en el lateral derecho. Una de las noticias positivas del encuentro. El canterano se mostró sólido y contundente en acciones defensivas. Otra de las joyas de Buñol, con papel destacado en el partido fue Kareem Tundé, el jugador más activo y desequilibrante del ataque granota. No obstante, a pesar de que el técnico portugués reaccionó tarde y de forma extraña con los cambios, los Carlos Espí, Etta Eyong o Olasagasti tampoco cambiaron la dinámica de lo sucedido anteriormente. Falló todo...
Seguir unidos
Ahora, bajo esta atmósfera de desilusión, el Levante UD se enfrentará el miércoles (partido aplazado) ante todo un Villarreal en el Ciutat de València. Un último tren para seguir vivos y pelear hasta que las matemáticas digan lo contrario por una permanencia cada vez más complicada. No le queda otra al conjunto levantinista que seguir y seguir hasta el final. El derbi se fue... ahora queda mirar al frente con determinación y sin perder la esperanza. La afición debe seguir unida y apoyando al equipo y al entrenador, de lo contrario todo estará perdido.
Fuente: Superdeporte
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