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El Levante tiene más vidas que un gato

El equipo de Luís Castro, levantando un 0-2 en contra, se arma de orgullo y de valor para conseguir una victoria tan épica como trascendental para soñar con la salvación

Un doblete de Víctor García en un abrir y cerrar de ojos y un cabezazo de Etta Eyong en el 90' desata la euforia y el descontrol en un Ciutat de València loco por la permanencia

Levante UD - Osasuna

Levante UD - Osasuna / J.M. López

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

Es cierto que el margen de error es mínimo. Prácticamente inexistente, de hecho. Pero, hasta en su peor momento, incluso con sus niveles de oxígeno bajo mínimos, este Levante tiene vida a la que agarrarse. Le han dado tantas veces por muerto que, después de lograr un triunfo antológico contra Osasuna cuando todo estaba perdido, cada vez menos gente se atreve a descartarlo de la batalla por la salvación. En Orriols nadie tira la toalla. Nadie se rinde y, ni mucho menos, permite que sus soldados decaigan.

Cuando las fuerzas flaquean y las esperanzas se tambalean, el Ciutat de València erige un espíritu de fortaleza donde no cabe la rendición. Así lo demostraron los futbolistas dirigidos por Luís Castro, por quienes nadie dio ni un miserable euro cuando, a los 10 minutos del inicio, sufrieron dos goles en contra imposibles de digerir. Nadie apostó por los granotas, salvo los presentes en el coliseo de Orriols, quienes fueron testigos de una de las remontadas más épicas de su historia reciente. Dos minutos tardaron en empatar la contienda. Y, el resto, ya es historia en un Levante que tiene más vidas que un gato. Pero, si las tiene, es porque cree. Porque insiste. Porque no deja de luchar por una salvación que, si sigue así, terminará consiguiendo. 

Sin embargo, es muy difícil creer si, a las primeras de cambio, recibes una diana en contra que desestabiliza tus planes. Con Toljan como infractor, ya que su intento de despeje terminó en el fondo de las mallas, el Levante intentó masticar un marcador en contra que, casi sin asimilarlo, vio como su inferioridad se multiplicó por dos, debido a un remate de Budimir prácticamente a placer que auguró un partido plácido para Osasuna y una noche plagada de nervios, sufrimiento e incluso dolor en Orriols. Apenas 10 minutos transcurrieron. Ni en el peor de los supuestos. No obstante, si el fútbol le ha dado la espalda al Levante tantas veces esta temporada, le brindó sus mejores sensaciones cuando más lo necesitaba. Aun así, el conjunto de Luís Castro lo intentó de todas las maneras. Más por cantidad que por calidad, pero no dejó de intentarlo… Hasta que llegó el 35’.

Un saque de esquina, que merodeó sin dueño por el área pequeña, acabó en el fondo de la red después de que Víctor García puntease el esférico. El nacido en Xeraco se estrenó como goleador granota, pero la necesidad de revertir el marcador le llevó a coger el balón y ponerlo inmediatamente en el centro del campo. No obstante, dos minutos más tarde, controló desde el lado izquierdo, muy lejos de las inmediaciones del área, y ejecutó un centro tan envenenado que terminó en la mismísima escuadra. Locura, éxtasis y explosión de emociones en Orriols, capaz de levantar a su equipo de la lona y hacerle creer en escenarios imposibles. Además, y para justicia divina de los que presenciaron sus pérdidas de tiempo desde el primer segundo, Sergio Herrera se autoexpulsó. Salió a por uvas y, ante la presión intimidatoria de Carlos Espí, sacó la mano a pasear. 

Orriols, si ya lo es de costumbre, se convirtió en una auténtica caldera. Salieron Brugué en el descanso y, debido a la roja al guardameta titular, un viejo conocido como Aitor Fernández, aunque el exportero levantinista paró todo lo que pasó bajo sus palos. No hubo simpatía ni hermanamiento con Aitor. Le sacó la mano a Brugué, puso los puños ante un disparo envenenado desde fuera del área de Manu Sánchez y torpedeó todo lo posible cuando el Levante, en un tramo de encuentro donde avasalló a su adversario, sacó saques de esquina constantemente al corazón del área. Y, entre tanto, vio cómo un derechazo de Dela se estrelló contra el larguero.

Tanto empeño pusieron los pupilos dirigidos por Luís Castro en lograr los tres puntos que salió hasta Morales, quien cuajó una notable actuación e incluso le rebañó a Raúl Moro una acción valor-gol. Muestra de que el Levante lo intentó por todos los métodos posibles, pero la magia no apareció hasta el 90’. Porque Orriols no solo es capaz de vivir momentos mágicos, sino también de revitalizar situaciones casi perdidas. Etta Eyong, tirándose en plancha para cabecear una prolongación de Matturro, puso fin a más de medio año de sequía con un gol que dispara por las nubes los niveles de salvación de este Levante: que tiene más vidas que un gato, pero que, si las tiene, es porque se las gana.

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