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CRÓNICA

El Levante obra el milagro de la salvación

El equipo dirigido por Luís Castro, a pesar de su derrota en La Cartuja contra el Betis, se queda en Primera gracias a la victoria del Mallorca y culmina una de las gestas más legendarias en la historia de LaLiga: una plantilla defenestrada en invierno, pero que se armó de valor, luchó contra viento y marea y, sobre todo, nunca dejó de creer hasta alcanzar una permanencia épica

Espí celebra su gol en La Cartuja.

Espí celebra su gol en La Cartuja. / LALIGA

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

València

Se acabó. De una vez por todas se acabó el sufrimiento que arrastra el Levante y toda su afición por evitar el descenso a Segunda División. Este equipo es de Primera y nunca se irá de la categoría en la que se merece competir por historia, arraigo, identificación, valores y masa social. Un club capaz de dignificar el fútbol en su máximo esplendor y en su totalidad, pero que, compitiendo en la élite una temporada más, le demuestra al mundo entero que no hay desafío imposible. La remontada hacia la salvación de los chicos dirigidos por Luís Castro entra de lleno en la historia de la máxima categoría del balompié nacional. Un equipo defenestrado en invierno, totalmente alejado de su aspiración por mantenerse en Primera División y que finalizó el mes de febrero a siete puntos de diferencia con las posiciones de permanencia. Cayó derrotado contra el Betis (2-1), pero el triunfo del Mallorca y el empate del Girona ante el Elche permitió al Levante no puntuar en un partido donde las emociones estuvieron a flor de piel, pero que se desbordaron sobre el césped de La Cartuja cuando el colegiado señaló el final del partido y certificó la salvación más épica y memorable de la historia, de las que no se presencian habitualmente, pero que solo están al alcance del Levante. El Ciutat de València está de fiesta y lo celebra por todo. El levantinismo llora emocionado por ver a los suyos un año más compitiendo frente a los mejores. Y es que parecía imposible terminó convirtiéndose en un sueño hecho realidad. El Levante, por fin, es de Primera. Y de Primera no se irá. Jamás.

La primera diana de la noche, en una jornada en la que los transistores echaron humo, cayó, para desgracia levantinista, en las profundidades de La Cartuja. Los campos que compitieron codo con codo por evitar el descenso recibieron la primera notificación desde Sevilla, generando los cálculos matemáticos que descifrara las salvaciones correspondientes entre los involucrados en la pelea por no descender a Segunda División. La ecuación para el Levante era fácil: un empate, como mínimo, y la permanencia quedaba tramitada. No obstante, peor no pudo arrancar un Levante que, cayendo frente al Betis, pasaría a estar en la cuerda floja. El Betis, a las primeras de cambio, se puso por delante en el luminoso a través de Abde, quien le ganó la espalda a Toljan y remato un envío de Antony para provocar los primeros nervios en las gradas de La Cartuja. Más temblaron las almas de los presentes en la capital hispalense cuando Cucho Hernández dobló la renta, pero, previamente, se interpuso en la trayectoria de un disparo de Fornals mientras estaba en posición antirreglamentaria. Todo pasó durante los primeros compases del partido y al Levante, ni mucho menos, le beneficiaba. Necesitaba que las revoluciones disminuyeran, que el control del esférico fuera del bando visitante y, por encima de todo, que los futbolistas dirigidos por Luís Castro recuperasen la confianza que se tambaleó con el gol del Betis. Según transcurrieron los minutos, el Levante ganó presencia sobre el terreno de juego. Olasagasti, a la media hora de partido, recogió un rechace a portería vacía que, de no haberse estirado Adrián San Miguel de manera milagrosa, hubiera aliviado las posibilidades de caer a Segunda División al mínimo… hasta que, al filo del descanso, apareció el de siempre: Carlos Espí. Recogiendo un pase filtrado de Pablo Martínez, y cruzándole el esférico al meta verdiblanco, el ‘19’ granota sumó su undécimo tanto a su cuenta particular, para delirio y euforia de los miles de aficionados que se desplazaron a Sevilla con la ilusión de presenciar una de las permanencias más legendarias de la historia de LaLiga. Después de una primera mitad cargada de emociones, lo ideal hubiera sido una segunda partido plácida, sin altibajos, pero ninguno de los dos entrenadores quiso hacer las paces ni firmar tablas. Ambos fueron a por los tres puntos. El arma de Luís Castro estuvo en Tay Abed, eléctrico por banda, pero Manuel Pellegrini imprimió más intensidad sobre el césped sin mover sus alineaciones. Ryan, de hecho, se convirtió en uno de los jugadores más destacados de un Levante que sufrió más de lo deseado. El portero australiano voló, en dos ocasiones, para evitar los goles de Marc Roca y Cucho Hernández para evitar dos golazos desde fuera del área. A pesar de ello, el ‘13’, repeliendo un testarazo de Antony, no pudo impedir el tanto de Fornals, quien cazó el rechace para colocar el segundo y hacer que los levantinistas volviesen a encender el transistor. Sin embargo, el tanto de la sentencia del Mallorca contra el Oviedo finiquitó la salvación.

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