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Levante UD

La revolución de Castro: anatomía de la salvación histórica del Levante UD

La remontada granota se ha fraguado sobre una sucesión de adversidades deportivas, económicas y eventuales a las que se ha sobrepuesto un equipo que parecía condenado al descenso

Los jugadores del Levante UD mantean a Luis Castro en el césped de La Cartuja al final del partido.

Los jugadores del Levante UD mantean a Luis Castro en el césped de La Cartuja al final del partido. / Jose Manuel Vidal

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València

Un entrenador (Julián Calero) primerizo en la categoría y que no logró asentarse con la agilidad necesaria. Una plantilla sin experiencia. Una competición altamente disputada donde, al inicio de la jornada 37, hasta doce clubes estaban en el alambre del descenso. Y una remontada prácticamente inaudita en la historia de la Liga. Todos los problemas posibles los encontró el Levante de Luis Castro, y a todos ellos se sobrepuso. Más que ‘el yunque de la adversidad’, la verdadera divisa de este club dice así: ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’. Estas son las claves de una temporada histórica.

El efecto calendario

La Primera División dio la bienvenida al Levante UD a “lo grande”, después de tres años de ausencia. Fue un aterrizaje de emergencia. Orriols recibió a todos los representantes españoles en competiciones europeas en sus primeros siete partidos ligueros -excepto el Atlético de Madrid-, lo que provocó que los ‘granotes’ llegaran al parón navideño como los peores locales de la categoría, con apenas dos puntos.

El tramo final de la temporada, por contra, ha llevado al Levante a disputar “finales”, una tras otra, contra rivales directos por la salvación y equipos que competían por conseguir alguno de los puestos europeos. Mientras tanto, otros rivales por la permanencia se han encontrado por el camino a equipos que, una vez conseguido sus objetivos, se han dejado llevar de manera evidente y, por momentos, grosera.

El lema 'Yo creo' ha acompañado al Levante UD en el tramo final de la temporada.

El lema 'Yo creo' ha acompañado al Levante UD en el tramo final de la temporada. / Francisco Calabuig

Una estrella fugaz

El jugador llamado a marcar la diferencia, Etta Eyong, apareció con la luz de una supernova, pero en realidad fue una estrella fugaz. Con apenas tres partidos en Primera con el Villarreal -en los que anotó un gol y repartió dos asistencias-, se convirtió en la principal apuesta de la dirección deportiva formada por Héctor Rodas y José Gila. Previo pago de 3,8 millones de euros, el Levante se hizo con una de las fichas más codiciadas en los últimos días de mercado.

Su irrupción como ‘granota’ disparó la ilusión. Cinco goles en siete partidos hicieron que en las oficinas de San Vicente de Paul empezaran a frotarse las manos pensando en una gran oferta desde la Premier o Rusia. Sin embargo, todo se torció un 2 de noviembre, en la visita del Celta a Orriols. Etta falló un penalti que, a la postre, fue decisivo (1-2) e inició una larga sequía goleadora que se alargó hasta el 8 de mayo, en la jornada 35. Su paso por la Copa África tampoco ayudó y, tras una pobre participación con su selección, regresó a València en un estado depresivo y descabalgado del proyecto de Luis Castro.

‘Calero saca a Espí’

Entre la ironía y la desesperación, la grada sacó un cántico que hizo fortuna la pasada temporada. El delantero de Tavernes de la Valldigna, con apenas 19 años, fue un secundario del ascenso, pero en los pocos minutos que tuvo fue esencial para el regreso a Primera. 

Esta temporada, en medio de la sequía goleadora, la falta de confianza lo mantuvo como cuarto delantero, por detrás de Koyalipou, que terminó marchándose en el mercado invernal. Calero incluso quiso facturarlo en verano rumbo a una cesión en Segunda

Carlos Espí celebra su gol contra el Mallorca en el Ciutat de València.

Carlos Espí celebra su gol contra el Mallorca en el Ciutat de València. / LUD

Espí acaba la temporada con once goles en su debut -todos ellos en la segunda parte del campeonato- y en la prelista del Mundial con España. Ha sido el sub 23 con mejor porcentaje de goles por partido, y solo con peor registro que Mbappé, Raphinha o Lewandowski. Un ídolo efímero para el levantinismo, que apunta a una venta estratosférica este verano para un club que afronta una grave crisis económica.

Rodas y Gila: scouting low cost

La sorprendente salida de Miñambres en el tramo final de la temporada pasada llevó a Danvila a iniciar un casting de directores deportivos para confeccionar una plantilla a bajo coste que pudiese competir con los mejores clubes de España. Finalmente, el club apostó por el “talento interno” y le otorgó la tarea al tándem formado por Héctor Rodas y José Gila.

Sin apenas experiencia previa en la élite, Rodas y Gila se vieron obligados a tirar de ‘creatividad’ para compensar la desventaja económica respecto a sus competidores. La deuda ha ascendido este año a 160 millones. Para obrar el milagro, recurrieron a la anticipación y el rastreo de ligas extranjeras con el objetivo de cerrar la plantilla antes que empezase el ‘baile’ de millones en agosto.

En el mercado invernal la limitación fue más evidente aún. Mientras rivales por la permanencia como Valencia o Girona firmaban a jugadores contrastados en la élite como Ter Stegen, Fran Beltrán y Echeverri, por parte de los gironís; o Guido Rodríguez, Sadiq y Unai Núñez para los valencianistas, el Levante se reforzaba con Paco Cortés (Cultural Leonesa), Raghouber (Lille) y Tay Abed (filial del PSV).

El fichaje de Luis Castro fue el colofón a una primera temporada exitosa de ambos al frente de la secretaría técnica. La permanencia revaloriza una plantilla que, en realidad, fue manufacturada a precio de saldo. 

Luis Castro ha firmado 32 puntos desde su llegada al Levante UD.

Luis Castro ha firmado 32 puntos desde su llegada al Levante UD. / JM LOPEZ

El ‘formador’ del Nantes que ha revolucionado la Liga

«Este entrenador va a descender a dos clubes en el mismo año», vaticinó el presidente del Nantes, Waldemar Kita, a finales de abril. El directivo del club francés calificó al técnico luso como su “mayor error” y, no satisfecho con ello, lo definió como “un formador” que “no puede triunfar”.

Antes de su llegada a Orriols, a Castro solo lo conocían algunos panenkitas por su machada con el Dunkerke (llegó a la semifinal de Copa desde la segunda francesa) o la Youth League conseguida con el Benfica. Sin embargo, termina la temporada como el entrenador revelación de la Liga española, con dos años más de contrato.

Las claves de su éxito son claras: apuesta por un estilo de fútbol directo y sin corsés; confianza ciega en la cantera -Espí, Tunde, Cortés o Nacho Pérez-, y un sistema 4-3-3 incuestionable que ha revalorizado a jugadores como Olasagasti y Pablo Martínez en el segundo tramo del campeonato.

El efecto banderín

La salvación del Levante se ha fraguado a base de golpes. También emocionales. Los dos primeros partidos de la temporada se tradujeron en sendas derrotas cosechadas en el tiempo de descuento -Alavés y Barça- que empezaban a rememorar fantasmas de un pasado no tan lejano y que se avivaron después con las visitas del Celta y el Girona a Orriols. En total, cinco puntos perdidos en el tiempo de añadido.

Precisamente, en el tiempo de descuento se dio uno de los mayores escándalos de la temporada a nivel arbitral en la visita del Levante a Vallecas. El colegiado Soto Grado ni siquiera fue al VAR a comprobar cómo Pathé Ciss se acomodaba el balón con la mano antes de empatar el partido en la última jugada del encuentro y ‘robarle’ a los ‘granotes’ dos puntos claves para la permanencia.

El via crucis ‘granota’ tuvo un último episodio con los derbis frente al Valencia. Por primera vez en la historia, la parroquia levantinista tuvo que ver cómo los vecinos de la Avenida de Suecia se llevaban los seis puntos en los dos enfrentamientos directos, con el agravante de tener que sufrir en Orriols el recochineo del suizo Cömert exhibiendo en el césped un banderín con la camiseta valencianista. Las dos derrotas provocaron una espesa resaca deportiva y social.

Lejos de venirse abajo, la plantilla se ha rebelado contra el guion del fatalismo: 32 puntos desde el debut de Castro el 4 de enero, números Champions; 28 puntos en la segunda vuelta del campeonato, y cinco victorias seguidas en Orriols para cerrar una temporada histórica.

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