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Este sí es el Levante de Luís Castro

El combinado levantinista recupera por todo lo alto su personalidad y señas de identidad tras endosarle cinco goles al Betis y protagonizar una tarde de ensueño en el Ciutat de València

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Rafa Esteve

Rafa Esteve

No hay nada más esclarecedor que el escenario en el que se envolvió Orriols una vez finalizó su partido contra el Betis. Toda la grada de pie, aplaudiendo y reconociendo el titánico esfuerzo de un equipo talentoso y al que le sobra garra, coraje y corazón. No existe otro método en clave levantinista para ganar un partido. Y así, dejándose el alma hasta el último segundo y sin conformismos, tumbó al equipo de Manuel Pellegrini (5-2). El levantinismo echó tanto en falta a su Levante durante las dos primeras jornadas que volvió cuando más se necesitaba y por la puerta grande. Con sus virtudes y sus defectos, pero protagonizando una tarde de ensueño en un Ciutat de València rendido a los futbolistas de Luís Castro tras marcarle cinco goles a un Betis de Champions. Dela, Bardeli, Olasagasti y Brugué por partida doble regalaron un triunfo que fulmina las dudas del inicio y refuerza al templo levantinista como feudo inexpugnable. Si Orriols catapultó a los suyos hacia una permanencia legendaria, este año está dispuesto a batallar contra cualquier rival, con la ilusión de vivir una temporada inolvidable. Si el Levante sigue así, las alegrías estarán garantizadas.

Tanta electricidad y colmillo faltó en los dos primeros encuentros de la temporada que el Levante no escatimó a la hora de brindárselos a su público. Dinámico y vertical, los de Luís Castro encontraron en Iván Romero a un recurso sobre el que agitar el frente de ataque. El ‘9’ desvirtuó a Natan y Bartra, asociándose con Brugué y Bardeli, para empezar provocando la primera del partido. Álvaro Vallés, sacando una mano dura, le negó un gol que sí encontró minutos después el Betis aunque, para fortuna levantinista, el tanto no subió al luminoso granota. En boca de gol, Parrott remató al fondo de la red un balón centrado por Rodrigo Riquelme, pero su hombro, ligeramente adelantado, le impidió a los béticos ponerse por delante. No obstante, no habría susto que alterase la mentalidad de un Levante insistente y donde Iván Romero se volvió a quedar a las puertas del gol. Se plantó frente a Vallés, se deshizo de su marca y, bajo palos, Marc Bartra le negó el tanto.

Pese a ello, la primera alegría de la tarde no iba a tardar en aterrizar en las profundidades de un coliseo de Orriols que vibró con su equipo hasta que la tarde se empezó a desvirtuar. Olasagasti, desde la esquina, encontró la cabeza de Dela para adelantar al Levante. Con total merecimiento, los de Luís Castro encontraron un premio que no gestionaron adecuadamente. Fue decretar el colegiado el parón por pausa de hidratación y ver un Levante más impreciso de los permitido, motivo por el que el combinado bético igualó fuerzas. Oriol Rey, en un intento de salir con el balón jugado, fue presionado por un Betis que llevó el esférico dentro del área para, a pesar de la maraña de piernas granotas que intentaron despejar el peligro, encontrar a un Bartra que no se lo pensó dos veces. Lanzamiento con el interior y empate en el marcador. Un jarro de agua que provocó nerviosismo en las piernas levantinistas, salvo en las de Enzo Bardeli. Su partido está a la altura de los que caen de pie en un nuevo club tanto a nivel táctico como físico, endulzando su actuación con un auténtico golazo. Desde poco más de 30 metros, vio adelantado a Vallés y la colocó en el fondo de la red.

Fue, sin duda, la mejor noticia para un Levante desubicado, pero que, en su intento de encontrarse nuevamente con su versión más competitiva, encajó un segundo gol a muy poco del descanso por mediación de Riquelme. Aun pudo ser peor, ya que, con el descuento circulando por el marcador de Orriols, Antony exigió a Ryan con un disparo fuerte y abajo que repelió a córner. El tiempo de descanso, sin embargo, revitalizó a un Levante que volvió a las señas de identidad que le llevaron a conseguir una salvación milagrosa. Pudo adelantarse el Betis minutos después de la reanudación mediante un cabezazo de Parrott, pero poco le importó a un equipo dirigido por Luís Castro que agitó la portería de Vallés. A punto estuvo Olasagasti, buscando la escuadra, de batir a un Vallés que voló para negarle el tanto al ‘8’ granota, pero tuvo que ser Roger Brugué el encargado de despejar el camino hacia la victoria.

Ya son seis temporadas perteneciendo a las barras azulgranas y Orriols sigue emocionándose como el primer día cuando su capitán (de una vez por todas) marca. Cabeceó, tal y como hizo en Balaídos en la 25/26, un centro desde la esquina y, 15 minutos después, recogió un balón al palo de Iván Romero para desatar la locura en un Ciutat de València que, a pesar de las altas temperaturas, respondió ante la llamada de un Levante con más de 20.000 en sus gradas. Desde entonces, el coliseo de Orriols se limitó a disfrutar a lo grande con un Levante que, pese al 4-2 en el marcador, siguió insistiendo en ataque y mordiendo en defensa. El Betis amenazó con la entrada de Abde, pero los granotas se encargaron de neutralizarle, hasta el punto de darse el capricho de rematar la contienda anotando un quinto gol, obra de Olasagasti. Tantas ganas tuvo el levantinismo de reencontrarse con su lugar en el mundo que era imposible que la tarde se arruinara. La victoria ante un Betis de Champions, sin duda, es la primera credencial de que, un año más, el Levante de Luís Castro está dispuesto a dar guerra. Y, sobre todo, a encandilar a una afición que vive cautivada por sus jugadores y por su entrenador.

Fuente: Superdeporte

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