La Clavaría de Manises refuerza el relevo generacional en favor de sus tradiciones
Jose Cervera destaca la incorporación de nuevos jóvenes al equipo y reivindica reivindica el trabajo silencioso que permite mantener viva una de las tradiciones más emblemáticas de la localidad

La Clavaría de Manises, los responsables de impulsar la cerámica en el municipio. / ED

Mientras Manises se prepara para volver a vivir sus días grandes, no hay que obviar que detrás de cada acto festivo existen meses de trabajo que pocas veces se ven. Una labor que recae en la Clavaría de las Fiestas de la Cerámica, la misma entidad que desde hace décadas mantiene viva una tradición que forma parte de la identidad del municipio. Al frente de ella se encuentra José Cervera, quien afronta este año una edición especial: la primera tras el centenario de las fiestas.
Lejos de buscar grandes revoluciones, Cervera apuesta por la continuidad. Tras la celebración de los cien años, el objetivo ahora es mantener el nivel alcanzado y seguir mejorando cada detalle. «Estamos esperando el 101», resume con una sonrisa, consciente de que el verdadero reto no está en cambiar la esencia de la fiesta, sino en garantizar que siga teniendo futuro.
Ese futuro pasa, en gran medida, por las nuevas generaciones. Durante este último año se han incorporado siete jóvenes de entre 20 y 30 años a la Clavaría, una noticia que el presidente considera fundamental. La llegada de nuevos integrantes supone una inyección de energía e ideas para un equipo cuya media de edad había ido aumentando con el paso de los años.
«Me gustaría que llevaran a cabo otras ideas y aportaran cosas nuevas», explica. Para Cervera, los jóvenes pueden ayudar a acercar las fiestas a nuevos públicos y a darles una mayor visibilidad. Por eso considera que esta incorporación supone uno de los mayores logros recientes. «Lo más difícil ya lo tenemos: ha entrado gente joven», reitera.
Pero la importancia de este relevo va mucho más allá, porque mantener vivas las tradiciones requiere de personas dispuestas a dedicar tiempo y esfuerzo para conseguirlo. Y en el caso de las Fiestas de la Cerámica, ese trabajo es especialmente intenso.
Más de 30.000 piezas
Durante semanas, los clavarios convierten su sede en un auténtico centro logístico. Allí preparan miles de piezas que posteriormente llegarán a las calles de Manises. En concreto, este año se repartirán alrededor de 30.000 piezas, almacenadas en decenas de palés y clasificadas cuidadosamente durante meses. Una tarea que apenas se percibe desde fuera, pero que resulta indispensable para que la fiesta funcione.
El presidente reconoce que cada vez es más complicado reunir todo ese material, pues «cada día quedan menos fábricas de cerámica». Según detalla, si antiguamente era más sencillo obtener piezas procedentes de excedentes de producción, hoy la reducción de la actividad obliga a redoblar esfuerzos para mantener una tradición que sigue siendo única.
Porque hablar de las fiestas de Manises implica hablar inevitablemente de la cerámica. Más allá de los actos concretos, la celebración constituye una gran plataforma de promoción para el principal símbolo del municipio. Durante esos días, miles de visitantes descubren el vínculo histórico entre la ciudad y un oficio que ha dado fama internacional a Manises. Cervera considera que esa función divulgativa es tan importante como la propia celebración. El objetivo, expone, es que cada vez más personas conozcan la cerámica y asocien su valor al nombre de Manises.
Este 2026, dentro de la programación volverán a tener un papel destacado actos tradicionales como la Cabalgata de la Cerámica o la entrega de l’Àmfora d’Or, un reconocimiento destinado a personas y entidades que han contribuido al desarrollo y prestigio de la ciudad. Este año, el galardón recaerá en Ramón Gimeno, una figura muy vinculada a la vida festiva y cultural manisera.
Valor humano
Sin embargo, para Cervera el verdadero valor de la Clavaría reside en las personas que la forman. Tras más de dos años como presidente, asegura que la experiencia está siendo «espectacular» y evita atribuirse méritos individuales. Reivindica, eso sí, el carácter colectivo de una entidad formada por 25 clavarios que comparten trabajo, amistad y convivencia durante todo el año. «Soy uno más», insiste. Una frase que resume la filosofía con la que entiende el cargo y también el espíritu de unas fiestas que han logrado superar un siglo de historia gracias al compromiso colectivo de generaciones enteras de vecinos.
Porque, más allá de los actos multitudinarios y del lanzamiento de piezas conmemorativas, las Fiestas de la Cerámica siguen siendo el reflejo de una ciudad que se resiste a perder aquello que la hace única. Y en esa tarea, la Clavaría continúa ejerciendo como guardiana de una tradición que, según recuerda José Cervera, «hay que conservar para evitar que se pierda».
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