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La mecenas de Alcublas que la historia escondió

Florentina Mañes emigró de joven a Barcelona donde hizo una gran fortuna que acabó legando al Hospital de Badalona y al Ayuntamiento de Alcublas, que construyó el hogar del Jubilado

La mecenas de Alcublas que la historia escondió | CRUZ FORCALES

La mecenas de Alcublas que la historia escondió | CRUZ FORCALES

Una duda es el origen de una gran historia. La de Paco Teruel, alcublano, que le preguntaba de pequeño a su abuelo quién era esa Florentina Máñes que daba nombre a una de las plazas más céntricas del municipio serrano. Las respuestas siempre era una vaga historia de alguien que se fue e hizo dinero en Barcelona, siempre con la sombra de la prostitución detrás. Después fue Pilar Mínguez, pareja de Paco, quien al visitar su pueblo le transmitió la misma duda. ¿Quién es esa mujer? Como respuesta, los rumores.

La mecenas de Alcublas que la historia escondió | CONTXI TARRADAS MAÑES

«A mi mujer le llamaba la atención que una mujer valiente y emprendedora, que había emigrado a Barcelona y había dado mucho dinero al pueblo, fuera prostituta y no empresaria. Esa es la lectura de género que se hacía», lamenta Paco. Él y Pilar son historiadores y han dedicado dos años de su vida a investigar quién fue Florentina Mañes. En el pueblo, nadie acierta a saberlo, así que se pusieron manos a la obra en descubrir la historia de una mujer a la que le dedican una plaza y el hogar del jubilado en Alcublas. ¿Por qué?

La mecenas de Alcublas que la historia escondió | P.T.N.

Porque fue, a su muerte, una suerte de mecenas para este pueblo que la había olvidado, pero a quienes les dio fondos para construir una plaza, un centro para mayores y becas para estudiantes. Florentina era una niña de una familia de agricultores acomodados a principios de siglo que quedó huérfana con 20 años. Su hermano emigró a Barcelona y ella encontró un escape en ese viaje.

La mecenas de Alcublas que la historia escondió | P.T.N.

Se instalaron en la BArceloneta, un barrio de valencianos emigrados, y trabajó haciendo recados para distintas empresas. Allí conoció a Luís Santacana, un pequeño empresario mayor que ella que acababa de enviudar. Formaron un matrimonio concertado pero juntos desarrollaron un olfato comercial que les llevó a comprar su primer edificio en Conde de Asalto - hoy calle Nou de la Rambla - en 1943, en pleno barrio de El Raval, y a ese le seguirán hoteles, casas d formir y pensiones en edificios señoriales por todo el barrio. En los años 50 viven el apogeo de sus negocios e incluso Florentina se convierte en promotora inmobiliaria en los años sesenta, hasta la muerte de su marido solo cinco años después. Desde entonces, la alcublaba consolidó sus inmuebles y dejó la actividad inmobiliaria para centrarse solo en el cobro de los alquileres.

Alrededor de 1970 volverá a Alcublas por primera vez desde que se marchó. Allí nadie la conocía ya ni recordaba, pero paseó por los viejos lugares. A su vuelta a Barcelona, un accidente le hizo ingresar en el Hospital de Badalona, donde queda ingresada y rehace su testamento: el cuidado de los profesionales llevó a Florentina a cambiar su herencia y donar buena parte de ella, 30 millones, al hospital, sacándole de la bancarrota. Según afirma Paco, «no hay ninguna placa ni ningún recuerdo de su benefactora, su memoria fue vilipendiada».

Fue precisamente el alcalde de Badalona, Marius Bielsa, quien llamó al Ayuntamiento de Alcublas para avisar que les había dejado en herencia varios pisos con los que se financiaron becas para estudiantes alcublanos, el hogar del jubilado y la plaza. «Un mundo de hombres no puede entender el triunfo de una mujer», lamenta Paco, quien explica que la leyenda de la prostitución siempre ha sobrevolado el nombre de Florentina porque todos sus negocios se desarrollaron en El Raval. «No se le ha hecho justicia a su nombre», critica.

La investigación de Paco y Pilar tomará forma de libro en 2022 a fin de reparar la memoria de Florentina y lo que hizo por Alcublas y por el Hospital de Badalona. «Es una historia de migración, de agradecimiento, de olvio y reparación; de honestidad y vida sin prejuicios. a historia de Florentina y de muchas mujeres anónimas que sobrevivieron a una dura posguerrasiendo mujeres, algo que a veces esta sociedad no tolera», concluye el autor.

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