En pleno debate sobre la vigencia de los trasvases de agua de uno a otro lugar de la península, un agricultor de Aras de los Olmos acaba de ganar un premio nacional por trabajar una agricultura en secano, sin apenas recursos hídricos. Es Javier Sebastián y ese no es solo su única labor; el Ministerio para la Transición Ecológica, a través de la Red Española de Reservas de la Biosfera, le ha premiado en la categoría de Compromiso Medioambiental.

El galardón engloba toda una serie de acciones que están «en armonía» con el entorno a través de su empresa Amigos del Paisaje, donde trabaja, divulga y difunde conocimiento sobre su entorno privilegiado en el Alto Turia. Sin embargo, llama especialmente la atención una de las vertientes de este proyecto: la agricultura.

Sebastián se volcó en sus campos familiares tras la pandemia. Antes había organizado una plataforma de divulgación y llevaba gente hasta Aras y su entorno para conocer el paisaje, hacer rutas, conocer bodegas y, en general, lo que el Alto Turia tiene que ofrecer. Sin embargo, el confinamiento acabó con todo eso y se reinventaron con la agricultura ecológica. Dos años después, las cifras hablan por sí solas: la última campaña de tomate se saldó con 9.000 kilos o, lo que es lo mismo, unas 2.250 cajas repartidas por toda la provincia.

Tomates cultivados en secano en Aras de los Olmos L-EMV

Son tomates cultivados en secano tal como lo hacían sus antepasados. «Históricamente se han cultivado así, aunque se abandonaron», dice Sebastián. «Se trata de cultivar como se hacía antes, cuando no había agua y aún así tenían que comer», dice. Según cuenta, la tierra se trabaja en invierno en profundidad y con un buen estiércol de animales. Entonces, se planta y lo difícil llega entonces: atreverse a no regar la planta, «hay que olvidarse de ella». Con este «olvido», Sebastián asegura que ha ahorrado 400.000 litros de agua que hubiera necesitado si la modalidad hubiera sido el regadío.

Sebastián sigue los pasos de sus abuelos y bisabuelos y asegura que la planta, tras un riego inicial sobre la tierra, se queda tranquila y después parece que va pochándose. Superado ese trámite, Sebastián asegura que se autoregula y se mantiene viva. «La producción es menor que en regadío, pero la cosecha está asegurada», dice.

Sus tomates, de una variedad que ha llamado ‘Tomate valenciano del Terreno’, pesan unos 600 gramos cada uno y reconoce que ha tenido suerte al poder disponer de una producción igual que la de terrenos de regadío. En estos momentos nadie se dedica a estos cultivos en Aras de los Olmos, más allá de alguna persona para el consumo propio.

No es un trabajo fácil en absoluto y el agricultor reconoce que es fundamental que la semilla esté adaptada al terreno, donde reside la verdadera dificultad. En este caso, se necesita una variedad que quiera un clima frío o peculiar, con noches frías y que sean capaces de captar toda la humedad del ambiente, ya que en la tierra les va a conseguir encontrarla. Sebastián reconoce que en verano, si es muy caluroso, se les puede hacer un regado de emergencia con una cantidad muy ajustada de agua.

«Aquí ya todos riegan con agua, hacerlo sin ella tiene mucho riesgo porque es fácil perderlo todo. Aunque tengas que olvidarte de ella, tienes que tener siempre un ojo puesto, aunque el juego se centra en la tierra, el arado y la humedad de antes», explica Sebastián.

Cerezos en Aras de los Olmos, un cultivo casi abandonado por su baja rentabilidad. L-EMV

Más frutales sin agua

Sin embargo, el premio de la Red de Española de Reservas de la Biosfera también le premia por recuperar otros dos cultivos abandonados en esta comarca: el cerezo y el manzano. Históricamente han sido frutales cultivados en estas áreas, pero se necesita mucha mano de obra para su cuidado y recolección, lo que los hace ser poco rentables y, por tanto, abandonados. Se cambiaron por el almendro, el olivo, la vid, el cereal y en los últimos años la carrasca trufera. Pero ni rastro de cerezas o manzanas en Aras de los Olmos.

La ambición de Sebastián va más allá de recuperar estos árboles frutales olvidados. Tiene pensado probar suerte con otras hortalizas una vez encuentre una semilla que se adapte al terreno. Pero está seguro de que funcionará: «Yo recuerdo que aquí se cultivaban melones, cebollas y ajos, había de todo», dice. Por eso, ahora el reto es recuperarlo también y prescindir de cultivos que demanden un agua que no siempre está disponible.

Javier Sebastián vivía en València hasta que decidió mudarse a la casa familiar de Aras de los Olmos, donde pasaba sus veranos de la infancia. Allí, tras la pandemia, se implicó en la recuperación de las tierras y en trabajar una agricultura ecológica que hoy se traduce en una producción de 9.000 kilos de tomates, cerezas y manzanas, todo ello cultivado en secano, es decir, sin apenas agua.