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Rafael Darijo: "Ser Reserva de la Biosfera es una marca muy poderosa"

El presidente de la Mancomunidad del Alto Turia destaca la importancia «de trabajar en equipo»

Rafa Darijo, durante su intervención en el Foro.

Rafa Darijo, durante su intervención en el Foro. / Fernando Bustamante

Tuéjar
Foro MQE La Serranía.

Foro MQE La Serranía. / ED

Rafa Darijo, presidente de la Mancomunidad del Alto Turia, habla del territorio con la convicción de quien ha crecido en él y de quien conoce a fondo sus límites, sus fortalezas y sus urgencias. Su mensaje es directo: el Alto Turia tiene potencial, tiene tejido social, tiene empresas que apuestan por la comarca y tiene un proyecto compartido que lleva décadas funcionando. Pero necesita apoyo institucional, inversiones y una mirada estratégica si se quiere garantizar su supervivencia.

Lo primero que señala Darijo, sin rodeos, son las comunicaciones viarias. No se refiere solo a las carreteras que serpentean entre barrancos, sino a lo que eso provoca en la práctica: dificultades reales para atraer empresas, profesionales o incluso visitantes. «Hay gente que le proponemos que venga y nos dicen que se marean al venir aquí», lamenta. No es una frase hecha, sino un reflejo de que la accesibilidad condiciona todo lo demás.

A esa carencia se suma otra todavía más grave para la vida cotidiana: la conectividad digital. Darijo recuerda que hay tramos enteros de carretera sin cobertura móvil y que «hay zonas que no funciona el 112». Es un problema que afecta a la seguridad, pero también a la economía. Él mismo cuenta que, para subir un expediente informático, a veces ha tenido que hacerlo desde casa porque en su despacho la conexión no funciona. Esa fragilidad tecnológica, dice, la tienen muy en cuenta las empresas interesadas en instalarse en la comarca.

Pese a las dificultades, Darijo insiste en el valor de lo colectivo. Recuerda que la mancomunidad cumple 50 años y que ese medio siglo ha demostrado que la cooperación entre pueblos funciona. «Tenemos claro lo de trabajar juntos… uno solo no va a ningún sitio», afirma. Ese espíritu comarcal ha permitido impulsar proyectos compartidos que, según explica, han tenido un impacto directo en la vida de los vecinos.

Uno de ellos fue el Pacto por el Empleo de la Serranía, que la mancomunidad impulsó para atraer inversión, coordinar formación y generar proyectos. Se perdió por «cuestiones administrativas», pero la idea sigue viva. El territorio, insiste, necesita esa capacidad de planificación conjunta y una implicación estable de Generalitat y Diputación.

Dentro de esa estrategia se enmarca la Reserva de la Biosfera del Alto Turia, un sello internacional que tardó diez años en conseguirse y en el que ahora participan ya 30 empresas adheridas. Para Darijo, es una herramienta poderosa de identidad, diferenciación y promoción. «Es una marca que tiene impacto en todo el mundo», recuerda. Aun así, admite un reto: la proximidad a Valencia hace que muchos turistas visiten los pueblos pero luego duerman en la capital, dejando menos impacto económico del deseado.

El presidente de la mancomunidad también subraya la importancia de trabajar en dos frentes demográficos decisivos. Por un lado, las personas mayores, que quieren continuar viviendo en sus casas y no desplazarse «a una residencia a 50 kilómetros». Por otro, los jóvenes, a quienes quieren apoyar para que estudien fuera, pero luego regresen: «Me voy a estudiar a Valencia, pero luego vuelvo aquí a mi territorio». Ese equilibrio entre tradición, bienestar y futuro es, para Darijo, el núcleo del proyecto comarcal. Y lo resume con una frase que repitió al cerrar su intervención, como una advertencia y una declaración de principios: «Sin pueblos no hay vida».

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