Cuando Calderón de la Barca escribió “Toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”, no existía la Lotería de Navidad. Todos hemos soñado alguna vez con que nos toque la lotería, y muchos, incluso, con las maneras de hacerlo posible. Porque ganar el Sorteo Extraordinario de Navidad es posible, siempre y cuando compremos un décimo y la diosa fortuna prefiera agraciar nuestro número antes que otro. 

Todos los españoles han soñado alguna vez con cantar el Gordo, con llevarse a casa un pedacito -más bien pedazo- de alegría y celebrarlo durante días. 

Y es normal. Porque a parte de ayudar con los gastos del hogar y tapar algún que otro agujero, el dinero del Gordo nos permitiría realizar esa ansiada vuelta al mundo con la que tanto hemos fantaseado. “Hacer lo que siempre había querido” es una de las frases estrella de los ganadores cada año.

El dinero: un arma de doble filo

En cuanto al dinero; siempre se ha dicho que el dinero no da la felicidad, que nos convierte en personas avariciosas y codiciosas, que puede venir muy bien pero también muy mal, y un largo etcétera. 

Y razón no le falta al dicho popular. En ocasiones, el Gordo de Navidad puede convertirse en nuestro peor enemigo. Ser el dueño de uno de los boletos dorados agraciados en el Sorteo Extraordinario puede terminar con su matrimonio, con su capacidad económica y financiera y hasta con su propia vida.

Una mala gestión del dinero puede hacer que malgastemos nuestro premio y que se desvanezca de un día para otro: alguien que se acerca a pedir un pellizco, dejarse llevar por la euforia del momento y endeudarse… Según el Fondo Nacional para la Educación Financiera, el 70% de los ganadores se gastan el dinero del premio en sólo cinco años. 

Ganar el Gordo y fundir su dinero en dos días no es algo que solo se note en la cartera; la felicidad y la euforia no suelen durar mucho tiempo.

De millonarios a arruinados 

Existen varios casos en los que se han demostrado estas afirmaciones. Michael Carroll, un joven de 19 años, ganó 9,7 millones de libras en un premio. Tras gastarlo todo -en menos de ocho años- en drogas y prostitutas, se arruinó. Tuvo que vender la mansión que había comprado y volver a su antiguo trabajo.

Adrian y Gillian Bradford ganaron más de 187 millones de euros en premios del Reino Unido, pero se volvieron adictos a los lujos y los vicios. Menos de año y medio después, declaraban en medios ingleses que ganar supuso una “carga enorme”.

En España, un empresario gallego que ganó 9 millones de euros en La Primitiva terminó suicidándose tras varios fracasos empresariales y visitas al casino.