08 de diciembre de 2018
08.12.2018

Dénia restaura el Patrimonio de la Humanidad de los muros de piedra en seco de su castillo

Uno de los últimos artesanos de esta técnica arquitectónica reconstruye los tramos que han sufrido desprendimientos - «Es un oficio de mucha paciencia»

08.12.2018 | 04:15
Dénia restaura el Patrimonio de la Humanidad de los muros de piedra en seco de su castillo

«Es un oficio duro y de mucha paciencia. Te tiene que gustar. Yo tengo 64 años y hace más de 40 que me dedico a levantar y arreglar muros». Luis Gavilà Creus, nacido en Ondara y criado en la Vall d'Ebo, es uno de los últimos artesanos de la piedra en seco, una técnica declarada ahora Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Luis tiene entre manos (nunca mejor dicho) una restauración histórica. Está reconstruyendo los márgenes de la segunda mitad del siglo XIX de la Vila Vella del castillo de Dénia. La fortaleza ha tenido mil vidas. En esos años del esplendor de la pasa, se vendió. Su propietario abancaló la ladera sur y plantó viñedos. Los muros de piedra en seco forman también parte de la historia del monumento más importante de Dénia.

El Museu Etnològic de esta ciudad ya hace la tira de años que reivindica la poderosa transformación del paisaje que supuso en el siglo XIX la expansión del moscatel. «La Marina Alta está anegada de bancales y márgenes de piedra en seco», afirmó ayer el director del museo, Josep A. Gisbert.

En 1996, el museo dianense se alió con socios de Italia, Francia, Grecia, Portugal y España en un proyecto europeo que, coordinado por el Centre Mediterranéen de l'Environnement (Aviñón), abogaba por recuperar las construcciones de piedra seca. Ahora, 22 años después, la Unesco ha declarado ese arte arquitectónico Patrimonio de la Humanidad. Gisbert recordó que entonces plantearon la recuperación de 30 conjuntos de piedra en seco de la comarca. También trabajaron en unas fichas que ahora, con la protección de la Unesco, son claves para hacerse una idea de la enorme dimensión de este arte constructivo. «No solo son los muros; también hay corrales, refugios o casas agrícolas. Incluso los brocales de los aljibes y pozos eran de piedra en seco».

Los bancales y márgenes asoman por doquier. En el Montgó, por ejemplo, se adivinan en las antiguas Colonias Agrícolas. El esfuerzo por poner en cultivo las escarpadas laderas fue hercúleo.

El director del museo indicó que este año el Consell ha sacado una doble convocatoria de subvenciones para recuperar este patrimonio y catalogarlo. Dénia ha logrado dos ayudas, una de 2.500 euros para realizar fichas y otra de 7.400 para restaurar los muros de la Vila Vella del castillo, que han sufrido 15 desprendimientos que el artesano Luis Creus ya está reparando con la maestría de toda una vida de oficio.
«Es un arte que requiere de una sabiduría muy especial. La arquitectura de piedra en seco moldeó el paisaje de la Marina Alta», subrayó Gisbert.

Una de las fichas en la que ya trabaja el museo es la del Tossal de la Rambla, un promontorio que está en la alquería de Benitzaina. El paisaje apenas ha cambiado en los últimos dos siglos. Los bancales de piedra en seco y los cultivos de viñedos se extienden en el horizonte (al fondo queda la cara sur del Montgó). Además, se mantiene en pie, aunque bastante deteriorado, un magnífico corral del siglo XVIII construido con la técnica de la piedra seca. «Está abandonado y se viene abajo poco a poco. Su rehabilitación permitiría salvar un elemento patrimonial, el de los corrales de piedra en seco, que está en absoluto peligro de extinción», advirtió el director del Museu Etnològic de Dénia.

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