04 de abril de 2020
04.04.2020
Levante-emv
Investigación histórica

Juan Chabás, entre Madrid y Dénia en 1918, el año de la gripe española. "La Esfera" y la Marina

El autor, Josep A. Gisbert, rastrea las colaboraciones del escritor dianense en la revista cultural "La Esfera" y lamenta que el paisaje que describió en "Sin velas desvelada" prácticamente haya desaparecido

04.04.2020 | 07:24
Una de las casas rurales de principios del XX en Dénia que formaban parte del paisaje vital de Juan Chabás

El pasado viernes, el artículo sobre Segismundo de Nagy & Dénia en el año de la gripe española estaba, digamos, en imprenta. Me gustó escribirlo porque, como en la pura praxis del método arqueológico, la conjunción de casualidades impulsó a adentrarnos en una de esas cuestiones o temas que, de la nada, pueden transformarse en tesela del mosaico de la historia de la ciudad.

Hace escasos años, la advertencia de Manuel Vicent y el rescate de poemas de la obra publicada en Nueva York en 1922, "A Pushcart at the Curb", emplazaba en Dénia, en 1917, al escritor Jhon Dos Passos. Las evidencias estaban, pero no la oportunidad de rescatar la memoria y ofrecerla al gran público. Y fue una realidad que hubo que agradecer en el limitado universo cultural de la "civitas".

Segismundo de Nagy nos ha legado como vínculo su obra artística; los óleos que ofrecen escenas de labores agrícolas que visualizó y pintó en localizaciones de la periferia de la ciudad.

Advertimos del interés de contar con obras literarias y, en especial, el poso de las novelas de Juan Chabás Martí que, entre la realidad y la ficción, ofrecían atisbos de luz sobre la vida en Dénia durante las primeras décadas del siglo XX. Citábamos la primera novela, "Sin velas desvelada" (Barcelona, 1927), pero nos preguntábamos si era posible acercarnos más a la fecha en que la gripe española –la cucaracha- asoló nuestro país: 1918.

Nuestro conocimiento de la vida y obra de Juan Chabás cuenta con precedentes. En 2015, en la Sala del Castell de Dénia, presentamos, junto a nuestro amigo Francisco Brines y el autor, el libro de Joan Carles Fogo Vila "El edificio de la memoria". La obra se centra en las casas y su entorno, paisajes vitales de tres escritores transcendentes de la literatura del siglo XX: Gabriel Miró, Juan Chabás y Louis Aragón. En 2001, comisariamos en Dénia la exposición "Juan Chabás, Espill de Dénia", celebrando la memoria del centenario de su nacimiento.

Ya entonces, y ahora lo hemos corroborado, la información que circulaba sobre la biografía y actividad de Juan Chabás entre los años 1916 i 1920 era muy reducida, salvo el conocimiento pormenorizado de su currículum académico.

Y, en este punto, entra de nuevo el factor casualidad. Al leer el artículo reseñado sobre el pintor húngaro, un amigo me remite unas fotografías de la portada de un volumen de la revista "La Esfera", que había adquirido en La Habana. El tomo que encuaderna números correspondientes a la anualidad de 1920. En sus páginas encuentra dos colaboraciones de Juan Chabás; una en prosa, de cariz teatral y la otra es un poema adornado con un dibujo.

La revista ofrece, semanalmente, un conjunto de reportajes/noticias en que las colaboraciones literarias maridan con espléndidos dibujos, difunde obras de arte de primera calidad, en especial pintura, existentes en las principales pinacotecas del mundo, así como sitios y hallazgos arqueológicos o la riqueza artística de España: castillos, catedrales, monasterios, etc. Temas debidamente aderezados con artículos sobre indumentaria femenina y moda, productos de belleza y elixires de farmacopea.

Y damos estas pinceladas porque el pasado sábado y domingo de clausura los dediqué enteramente a engullir, página a página, toda la anualidad de 1918 de La Esfera. El objetivo era detectar y confirmar si había alguna colaboración de Juan Chabás Martí en los fascículos correspondientes a 1918 o bien, al menos, improntas de quien o quienes hubieran podido introducir al joven de Dénia en este producto y equipo editorial. Es de suponer que entrar en él no sería nada fácil.

No encontramos ninguna colaboración de Juan Chabás, pero sí de alguien que era de su círculo más inmediato. Plumas reconocidas las había: la condesa de Pardo Bazán, Concha Espina, Wesceslao Fernández Flórez, entre otras.

Uno de los colaboradores de "La Esfera" en 1918 es el joven periodista y escritor Xavier Bóveda (1898-1963). En abril publica "Los cipreses Santa Magdalena". En mayo, "Homenaje a Rubén Darío", que había fallecido en febrero de 1916. El noviembre "Nocturno otoñal". Xavier Bóveda perteneció a un grupo de vanguardia y, en 1919, junto a Juan Chabás o Pedro Garfias, firma el documento que se conoce como "Manifiesto Ultraísta". La relación con Juan Chabás era, pues, evidente.

"La Esfera" consigue el equilibrio sorprendente entre las colaboraciones literarias, reseñas de pintores y su obra, noticias de exposiciones de arte y reportajes sobre patrimonio artístico y monumental. En su sección "Riqueza Artística de España" los protagonistas son los castillos, catedrales, monasterios, iglesias, palacios, conjuntos histórico-artísticos, así como sitios y descubrimientos arqueológicos notables: Mérida, Ampurias, o el santuario ibérico de Despeñaperros. Asimismo, ofrece paseos por ciudades o regiones europeas, así como propuestas de conocer y visitar sitios históricos y arqueológicos como Jerusalén y los Santos Lugares, Damasco, Argelia, Túnez o Egipto.

Es sorprendente que del análisis minucioso de más de 40 entregas o números de la revista "La Esfera", del año 1918, no encontremos noticia alguna sobre el decurso de la epidemia de la gripe española, que azota ese mismo año. Un silencio que delata una consigna de los editores y la voluntad de silenciar esta catástrofe.

Un solo testimonio se halla en el número 254, publicado el 8 de noviembre de 1918. El asiduo colaborador Silvio Lago llora la muerte del joven pintor costumbrista valenciano Vicente Carreres y glosa los logros de su maestría. Pese a que la tuberculosis fue la causa que llevó a la sepultura a este malogrado artista, el párrafo constata, como si de nada se tratase, lo que estaban viviendo en aquellos días:

"Inadvertida fue su muerte, en este milenario horror que estremece a España, asolando sus pueblos y ciudades, hinchando de pestíferos los cementerios".

Aunque Xavier Bóveda colaboraba en 1918 en "La Esfera", Manuel Machado, que había sido su valedor en la publicación del poemario "Espejos" (1921) fue, probablemente, quien ofrecería a Juan Chabás la oportunidad de participar en la revista. De hecho, ambos están presentes en el mismo número 338 de la revista, el 26 de junio de 1920. En Sant Joan de 2020, onomástica del escritor dianense, se cumplirán 100 años.

La presencia de Juan Chabás en "La Esfera" es ésta:

El 3 de abril de 1920 publica "Drama breve", acompañado de un fotograbado de un dibujo de M. Espí. El 26 de junio de 1920 publica el poema "Serenata de primavera", acompañado de un dibujo de Mezquita Almer. El 1 de julio de 1922 publica "Viaje a la Luna", con dibujos de Penagos. Éste último, un relato desgarrador de la muerte de un niño junto a la madre.

La lectura minuciosa de "Sin velas desvelada", de Juan Chabás es esencial, porque su contenido atesora una colección de imágenes que manifiestan los comportamientos y singladuras de su infancia y juventud, salpicaduras que describen la vida cotidiana en la Marina de Dénia, del calendario y del los rasgos que definen la topografía y la vida en la ciudad en el primer cuarto del siglo XX. La vida marinera, la pesca, las labores agrícolas, celebraciones como las de la Virgen de Agosto y un sinfín de costumbres y conductas de sus habitantes están presentes en esta ficción cargada de realidades y recuerdos del autor. Es una lente y un espejo para ejercer una mirada a la Dénia del primer tercio del siglo XX.

"Este pueblo –cofradía de marineros y burgo de labradores- es en el otoño asilo de serenidad. No parece una época del año, sino más bien una prolongación indefinida de una jornada muy quieta. Todos los días son una tarde lenta y larga, que poco a poco se aduerme. En este tiempo es un placer de espirituales voluptuosidades el caminar por la orilla del mar. Porqué aquí en Dénia, mar y tierra se unen en un tránsito suave".

"No parece ésta contener a aquel, ni el mar invadir la tierra; sino que existe una emoción de armonía, tan acordada y segura, que no pudiera imaginarse este mar sin tal orilla. Velas muy remotas, en el silencio de toda quietud, casi sin viento, se nos quedan en el alma nuestra, viajeras dentro del mar que aquí en la orilla pensamos, junto a la clara imagen de los viñedos y los praderíos. Estos ya se rizan también, con marineras ondas, cuando va la brisa por los tallos de su verdura".

Juan Chabás glosa las singularidades del barrio marinero:

"El pueblo se encrespa en el monte, y se desborda trajinoso de afanes y de ansias que despiertan los cuidados de la labranza y las prisas y avideces de la mercadería. Luego, en la falda se reposa y mansamente se queda en el llano, como hundido, tendiéndose, hacia las orillas del mar, donde aparece arrodillarse con sus casas diminutas, muy humildes, pero bien limpias todas, gozosas del blancor del enjalbegue. En estas casas, sonoras de viento y olorosas de marisma, viven los pescadores de la ciudad".

La casa, paisaje vital del escritor, es la Marina:

"La casa es blanca y está rodada de pinos que tienden las ramas sobre su tejado, abrazándola. Delante florece un huertecillo de geranios, rojos y blancos. Cerca del huertecillo una esbelta cintura de girasoles que se inclinan un poco en lo alto de los tallos, cuando les pesa la madura pompa de sus flores amarillas y apretadas. Y en torno a los pinos y al huerto, que son regazo de la casa, la tierra de labor, siempre sedosa y sedienta, con las vides mezquinas y los olivos jóvenes. Esta tierra tostada por el sol, que se tiende en la playa y llega mansamente hasta el mar, que la ensalitra y salmuera con su soplo".

Vecina es esta casa de muchas otras. Como ella son humildes, blancas, y las cercan árboles, viñedos, pequeños jardines con flores.

Durante la larga Semana Santa que disfrutaban ya hace un siglo en Madrid y su entorno, Juan Chabás, como tantos otros, pasaban unos días que a menudo coincidían con el inicio de la primavera. Asimismo, la familia Chabás pasaba cada verano en Dénia:

"Don Antonio es notario; todo el invierno vive en Segovia, donde ejerce su profesión, y cuando llega el verano, con sus hijos y su mujer se va a Dénia para pasar las vacaciones en esta casa cercana al mar, que su padre le dejó al morir. Hijo de Dénia es don Antonio: en esta misma casa se crió y en ella hizo sus travesuras y sus "bellaquerías". Después, cuando fue mozo, cursó estudios en Madrid y se enamoró de una burguesita castellana. Acabó la guerra, se hizo notario y casó. Era él hombre blando de voluntad, opaco y pobre de carácter. Hubiese querido ser notario de Dénia, o de Jávea, o de cualquier otra ciudad de Levante; pero su mujer le dominó y fueron a Segovia porque ella era de allí.

Los veranos don Antonio dejaba su notaría y pasaban un mes en Dénia con sus padres. Poco a poco la castellana fue gustando de la playa. Cuando tuvieron niños se hizo más grato ese veraneo marinero porque los rapaces recibían gran contento del mar, que les hacía fuerte y sanos".

Este relato, que refiere a uno de los protagonistas de la novela, es fiel espejo de lo que Juan Chabás haría también el año que ahora glosamos.

Hoy, desgraciadamente, siguiendo a Joan Carles Fogo, y así lo corroboramos, nada queda en Dénia de los principales referentes del paisaje vital del escritor y poeta. Su preciosa casa natal, descrita por Juan Chabás como un tipo de arquitectura modelo del mediodía del siglo XIX, en la década de los setenta sería derruida y en su solar se erigiría un edificio de oficinas y viviendas. Estaba en la calle Pedro Esteve, núm. 15, en el centro histórico de Dénia.

De la casa y huerto de la Marina donde los Chabás Martí pasaban temporadas, tan solo quedaba, tal vez aun quede, el pino, envuelto e integrado en el jardín de una urbanización que lleva su nombre: la "Marina de Chabás".

Es duro, pero en la actualidad, con dos décadas ya consumidas del siglo XXI, aun no vemos la luz en cuanto a una voluntad de protección del patrimonio que permita conservar, proteger y, si cabe, incorporar al patrimonio público edificios relevantes que constituyen hitos en la historia de la ciudad.

Mucho más nos hubiera gustado saber de las relaciones de Juan Chabás durante los años que glosamos, aquí y ahora, pero los datos e información se refieren a la década de los treinta, al margen de nuestra pretensión inicial.

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