El peligro de incendio habita en el Montgó. Cerca del linde del parque natural e incluso dentro de las 7.399 hectáreas del ámbito de su PORN (Plan de Ordenación de Recursos Naturales), hay cientos de chalés con barbacoas, paelleros y chimeneas. Son tantos que resulta «inviable» contarlos. La presión urbanística que ha sufrido el parque natural, que ha creado una interfaz urbano-forestal (lugar donde se mezclan las casas y el bosque) donde los vecinos viven en vilo, también aviva el riesgo de que por una chispa o unas brasas mal apagadas se desate un fuego.

Ahora el Montgó está un poco más cerca de contar con un instrumento actualizado para evitar incendios. El director general de Medio Natural y de Evaluación Ambiental, Benjamín Pérez Rocher, ha firmado la resolución que da luz verde al informe ambiental y territorial estratégico de la revisión del plan de prevención de incendios forestales en este parque natural. Ya tocaba. El actual documento se aprobó en junio de 2006. Está obsoleto. La vigencia de estos planes es de diez años.

El plan revisado, que abraza las 7.399 hectáreas del PORN, un ámbito que toca cinco municipios, Dénia, Xàbia, Pedreguer, Ondara y Gata de Gorgos, ya renuncia a hacer un inventario de las viviendas que disponen de paelleros y chimeneas y que se hallan a menos de 500 metros de vegetación natural o seminatural. El parque natural ha indicado que es «casi inviable» localizar todas esas casas que cuentan con un foco de posible origen de un incendio. Sus técnicos advierten de que son «centenares».

El nuevo documento también descarta marcar con mojones los lindes del Montgó. En 2006, cuando el primer plan de prevención de incendios establecía este objetivo, todavía estaban relativamente recientes las presuntas usurpaciones para construir chalés de terrenos del parque natural. Los mojones físicos cumplían una función. Ahora ya no se les adivina ninguna utilidad a la hora de evitar incendios.

El plan revisado incide en hacer campañas para que no se arrojen colillas en los espacios naturales. También aboga por detectar formaciones forestales vulnerables al fuego y por disminuir su «inflamabilidad». Tras el incendio que en septiembre de 2014 arrasó 444 hectáreas del Montgó (afectó a la partida de la Plana y al cabo de Sant Antoni), ya se optó por fomentar un nuevo bosque con acebuches, algarrobos, lentiscos o coscojas más resistente a las llamas. Se evitó que, como ocurre tras los incendios, surgieran pinos por doquier y se creará una masa vegetal muy espesa y proclive a ser de nuevo pasto del fuego.

También se contempla ahora abrir 33,12 kilómetros de cortafuegos y realizar trabajos selvícolas en 62,15 hectáreas. Se confía en recuperar y mantener 19,81 hectáreas de parcelas agrícolas. Esos cultivos deben actuar como un escudo contra los incendios. De hecho, el abandono de los campos agrava el riesgo de que se declare un incendio.