Raquel Miralles Mateu echa la vista atrás y todo es comercio. Sus tatarabuelos iniciaron en Pego una saga de comerciantes que llega hasta ella, apasionada de este oficio de tratar con los clientes y hacerles la vida más fácil. «De niña, tras el colegio, no iba a los recreativos, sino a la tienda de mi madre a ponerme detrás del mostrador», evoca.

Raquel demuestra cada día que el comercio de pueblo, de proximidad, tiene presente y futuro. Eso sí, hay que trabajar mucho y «reinventarse sin parar». Ella es comerciante las 24 horas del día. «Si estoy en casa a las 11 de la noche y me llega al wasap un mensaje o un pedido de un cliente, lo atiendo, claro está», afirma, al tiempo que destaca que las nuevas tecnologías, en lugar de hacer impersonal la experiencia de comprar, deben servir para que el comerciante y sus clientes mantengan un contacto todavía más fluido y de confianza.

No le tiene miedo a las redes sociales. Sube vídeos posando con la ropa o los bañadores de la nueva temporada. Su marido y sus hijos también hacen de modelos.

Su actual tienda la inauguró el 4 de mayo del pasado año, el primer día de reapertura del comercio tras el confinamiento domiciliario. El 14 de marzo, cuando la pandemia paró la actividad y dejó las calles desiertas, el carpintero le acababa de montar los estantes. «Lo teníamos todo listo para abrir», recuerda.

Esta nueva tienda guarda auténticos tesoros. Es de moda, de ropa del hogar, de telas y también mercería. Un mostrador de 1940 contiene en sus pequeños cajones cremalleras, agujas, hilos de coser o lanas. La mesa de madera en la que mide las telas (con la vara de madera de toda la vida) también es la que ya gastaron sus abuelos y sus padres.

Y justo enfrente de esta tienda, en el Carrer Major de Pego, está la de tejidos y pañería que abrieron en 1954 sus abuelos por parte de padre. Ahora la utiliza como almacén y también la abre para atender a clientes que quieren comprar alguno de los artículos que allí tiene expuestos. La fachada y el interior mantienen el aire del comercio tradicional.

Y ese misma esencia de tienda de siempre, de pueblo, transmite la fachada del comercio del Carrer de la Mar que Carmen, bisabuela de Raquel por línea materna, bautizó con el nombre de «Viuda de Fernando Mateu». Murió su marido, conocido como Xafarruca (tenía un burro, «ruc», y para que aflojara el trote le decía «xafa ruc»), y Carmen tiró adelante con un establecimiento que era una suerte de colmado en el que se vendía de todo: fideos, arroz, chocolate, café (Fernando Mateu lo tostaba en la terraza y luego en una máquina de torrefacción y el delicioso olor a café se esparcía por todo Pego), perfumes e incluso algunos medicamentos.

Raquel está orgullosa de pertenecer a ese frondoso árbol genealógico de comerciantes. Afirma que ella es arriesgada y siempre compra género muy variado. Lo peor que puede ocurrir es que un cliente se marche con la sensación de que había poco surtido.

Que los Miralles Mateu son emprendedores a más no poder está constatado en el Arxiu Municipal de Pego. En el libro de matrículas industriales, figura que en 1900 José Mateu Fillol abrió una tienda de hilos y telas. Mientras, el 16 de noviembre de 1909 José María Miralles dio de alta un comercio de tejidos.

Y hasta ahora. Raquel es la quinta generación de una familia que es historia del comercio de Pego y de la Marina Alta.