ya pueden construir chalés de lujo en los acantilados que ni rozarán la belleza humilde de las barracas del portitxol. Los dueños de estas casitas de pescadores, pintorescas y que le dan a esta cala de Xàbia un aire a Santorini, las cuidan con mimo. Ahora están recién enjalbegadas. Y han pintado de añil los marcos, ventanas y puertas. Esta en concreto, tiene otro detalle que acrecienta su belleza: la alcándara o varal del que cuelga la ropa. Más sencillas imposible. Cientos de turistas se fotografían ante estas barracas.