La torre del Gerro de Dénia es un observatorio excepcional. El segundo animal más grande del planeta pasa a tiro de piedra. Uno de los enigmas es por qué las ballenas se arriman tanto a las costas del cabo de Sant Antoni y del Cap de la Nau. En su migración hacia el estrecho de Gibraltar se salen del Área Marítima Protegida del corredor de cetáceos del Mediterráneo. Los rorcuales no saben de líneas imaginarias. Una hipótesis es que el tráfico marítimo (en el horizonte se dibujan los grandes mercantes) forma un muro invisible que empuja hacia la costa a estos enormes animales (solo les supera en tamaño la ballena azul). Esa querencia a acercarse a tierra en Dénia y Xàbia es uno de los misterios a los que se enfrenta el proyecto Cabo Rorcual, que se puso en marcha el pasado mes de abril y se prolongará hasta marzo de 2023.

El coordinador del proyecto, Eduardo Belda, y el físico experto en acústica submarina Víctor Espinosa otean desde buena mañana el horizonte. Desde la torre del Gerro dominan una buena porción de mar. «Desde mayo hemos avistado unas 70 ballenas», indicó ayer Belda.

En este proyecto, participan investigadores del Instituto de Investigación para la gestión Integrada de Zonas Costeras, del Instituto de Telecomunicaciones y Aplicaciones Multimedia de la Universitat Politècnica de València y expertos en las áreas de ecología, oceanografía costera y acústica submarina.

A los rorcuales, animales que llegan a medir 20 metros, se les distingue al lanzar agua por el espiráculo. Cuando el mar es un espejo, se adivina una sombra. Pero apenas dejan estela. El grupo más numeroso avistado era de 6 ballenas. Se han visto también madres que nadaban delante de su cría.

Los investigadores también han colocado en el mar tres hidrófonos (micrófonos submarinos) para detectar a estos animales. Además, cuentan ya con autorización para marcarlos y hacerles un seguimiento por satélite. Se les disparará a la aleta dorsal con una ballesta un pequeño dardo que en unas semanas se les cae.

Que las ballenas pasen en la migración anual desde el mar de Liguria hacia el estrecho de Gibraltar tan cerca de tierra en Dénia y Xàbia no es de siempre. El fenómeno se empezó a detectar hace unos 15 años. Es un estupendo recurso turístico. Eso sí, siempre sin hostigar a las ballenas. Hay que hacer mucha pedagogía. Los navegantes no pueden acercarse y si ven cerca una ballena han de apagar inmediatamente el motor. La concienciación va calando. No hay que buscar a las ballenas. Solo armarse de paciencia. Entre mayo y julio, se dejan ver en este litoral.

En el proyecto Cabo Rorcual, colaboran la Generalitat Valenciana, los ayuntamientos de Dénia y Xàbia, la Fundación Baleària, la asociación Eucrante, el Instituto Español de Oceanografía y la Fundación Oceanogràfic.