Un coche de alta gama abandonado guardaba un tesoro de pega. Los agentes de la Policía Local de Pego acudieron el miércoles por la tarde a retirar de la vía pública un Mercedes que su dueño llevaba meses y meses sin mover. Vieron dentro una maleta de ruedas. Abrieron el coche y la maleta. Y la sorpresa fue mayúscula. Dentro había fardos y más fardos de billetes de 50, de 100, de 200 y de 500 euros. La maleta también contenía billetes de 1.000 euros. Y esto ya no cuela. Además, los policías en seguida comprobaron que el dinero era más falso que un duro sevillano, por decirlo en castizo.

«Desde lejos daba el pego. Pero de cerca se veía claro que los billetes eran una burda falsificación», indicaron ayer fuentes de la Policía Local de Pego, que precisaron que el dinero falso suma entre 3 y 4 millones de euros.

Los agentes también hallaron en la maleta rotuladores de los que se utilizan para comprobar la autenticidad de los billetes.

Sí estaban impresos por las dos caras. Pero tanto el papel como la tinta revelaban que los billetes no los había estampado el Banco de España y la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Daba la impresión de que habían salido de una fotocopiadora.

Y lo de los billetes de 1.000 euros ya era el colmo del engaño. Nunca han existido billetes de esa cantidad de curso legal. El falsificador le echó imaginación.

Los agentes comprobaron si al dueño del coche le constaban antecedentes. Y bingo. Tiene un largo historial de delitos de estafa. Es español y la Guardia Civil, que se ha hecho cargo de la investigación, ya lo está buscando.

El coche abandonado debía acabar en el desguace. Pero la Policía Local lo ha dejado, de momento, en el depósito municipal. La Benemérita podría buscar huellas y otras pistas.

Tamaña cantidad de billetes falsos no apunta, desde luego, a que el falsificador los imprimiese con un propósito inocente. Y sus antecedentes por estafa acrecientan las sospechas de que, antes de abandonar el coche y la maleta repleta de billetes toscamente falsificados, tenía intención de colárselos a alguien.