Los dueños de los chalés de lujo de la cala de la Barraca de Xàbia nunca han hecho buenas migas con los turistas de un día. Estos pasados veranos los residentes colocaban en las puertas de sus casas e incluso en los parabrisas de los coches carteles y mensajes en los que advertían de que tanto vehículo les complicaba mucho entrar y salir de sus viviendas. El ayuntamiento, al restringir el acceso de coches (a las 9 de la mañana, ya se suele bajar la barrera, dado que no queda una plaza de aparcamiento), ha puesto orden. Los vecinos viven más tranquilos. Pero algunos hacen la guerra por su cuenta. Y toman medidas drásticas y aparatosas para que los turistas no les aparquen en su calle.

En el tramo más elevado de la calle de la Barraca, el de la barrera hacia el mirador de la Falzia (es por el que salen los coches de la cala), los residentes han bloqueado la cuneta con ramas secas de pino. Es, en principio, una medida del todo gratuita. El consistorio ya pintó el pasado verano una raya amarilla. Está, por tanto, prohibido aparcar. Pero los residentes han creado una suerte de trinchera de troncos y ramas. Resulta, desde luego, imposible dejar el coche.

Eso sí, si algún conductor arroja por la ventanilla una colilla, esa barricada se prenderá fuego como una tea. Las ramas están resecas. Y un incendio en la Barraca es cosa seria. Los numerosos chalés están rodeados de pinadas bastante densas y los viales para desalojar las viviendas son estrechos e intrincados.

Esos restos vegetales proceden de las talas que hacen aquí algunos residentes. Desmochan los pinos que les tapan la vista. Ahora las ramas están tiradas a propósito en la cuneta.