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Colas también en los bares y chiringuitos de las calas de la Marina

Los turistas se arman de paciencia para poder tomar algo en locales como los de la Barraca de Xàbia

Los clientes hacen cola en la rampa de un local de la cala de la Barraca de Xàbia

Los clientes hacen cola en la rampa de un local de la cala de la Barraca de Xàbia

Otro verano de pandemia y otro verano de colas. Colas de coches los fines de semana para llegar y marcharse de los municipios costeros de la Marina Alta; se forman en los accesos en Benissa y Ondara a la AP-7 ahora liberalizada. Colas en calas como la Fustera, de Benissa, o la del Moraig, en el Poble Nou de Benitatxell; cuando están a tope hay que esperar a que salgan bañistas. Colas también de coches en los accesos a la Barraca y la Granadella, en Xàbia, donde se baja la barrera a las 9 de la mañana y ya no se deja entrar a un vehículo más; los aparcamientos a esa hora están llenos.

Los municipios costeros de la Marina Alta están a tope, sobre todo los fines de semana. A los residentes de siempre, se les unen los turistas que antes viajaban al extranjero y que ahora, en tiempos de la covid-19, se vuelven locos por descubrir las calas secretas. En la Marina Alta, las calas secretas son ya un secreto a voces.

Y las colas también llegan a los bares y los chiringuitos de las playas y las calas. Reservar para comer en un restaurante los fines de semana es una odisea. Eso de llamar por la mañana para comer ya no funciona. Hay que reservar con uno o más días de antelación.

La imagen, tomada en la rampa que sube al Cala Clemence, un local de la cala de la Barraca de Xàbia, se repite en otros muchos negocios. Los turistas tienen que armarse de paciencia. Hay que hacer turno para que los camareros los acompañen a una mesa. Y eso con suerte, ya que llegar y encontrar una mesa libre es un milagro.

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