El reto era mayúsculo. Había que sacarle el máximo provecho a un espacio angosto y lúgubre. La antigua casa del farero, de 362 metros cuadrados, debía condensar la enorme riqueza botánica y de fauna de la reserva marina del cabo de Sant Antoni y del parque natural del Montgó.

El faro de Xàbia tendrá 5 salas de exposiciones y un mirador con telescopios

El proyecto resuelve las estrecheces creando dos itinerarios. El rehabilitado faro del cabo de Sant Antoni de Xàbia ofrecerá a los visitantes (se abrirá al público por primera vez desde que se encendió en 1855) dos recorridos. El interior pasará por una sala de recepción, cinco de exposiciones (en una se situará una maqueta del faro) y otra sala de proyecciones, que tendrá capacidad para 12 personas. Estas salas ocuparán las habitaciones de la casa del farero. Serán pequeñas, pero permitirán al visitante conocer la riqueza de este entorno natural y la historia del faro. Es importante también que sepan que están visitando ese espacio con ribetes míticos que es la vivienda del farero. Vivir aquí, asomado a un acantilado de 170 metros de altura y donde suele soplar un viento que ruge como una fiera, debía ser muy duro.

La rehabilitación recuperará el edificio exento del antiguo taller. Se transformará en una cafetería y contará con baños públicos.

Estos dos edificios suman 464 metros construidos. Pero el faro es también su exterior (todo el recinto abraza 3.738 m2). Se creará al entrar en los terrenos del faro una plaza «entrelazada con la naturaleza» (es la expresión que utilizan los arquitectos del Estudio Boix, que es el que ha realizado el proyecto).

El itinerario exterior le dará la vuelta al faro. En la parte del acantilado, se creará un mirador con telescopios. La vista es impresionante. En los días claros, se atisba con gran nitidez Ibiza.

El número de visitantes que de forma simultánea podrán visitar todo el recinto del faro es de 157. La rehabilitación eliminará las barreras arquitectónicas.