Desconocida y de insólita belleza. La ermita de Petracos, en Castell de Castells, es uno de esos maravillosos secretos que esconde la Marina Alta. Está a un paso de las pinturas rupestres de Pla de Petracos, en un lugar que irradia fuerza telúrica.

La ermita de traza románica de la Marina a la que le crece una higuera dentro

El templo tiene aire románico, aunque es posterior a ese periodo artístico. Nunca se llegó a terminar. Se empezó a construir cuando las huestes de Felipe III sofocaban en estas montañas del interior de la comarca las rebeliones de los moriscos. Pero se dejó a medio construir y se abandonó. Sí se levantaron sus recios muros. Es probable que ni siquiera llegara a terminarse la cubierta.

La ermita de traza románica de la Marina a la que le crece una higuera dentro

En 1870, el párroco de Castell de Castells quiso acabar la ermita. Recaudó fondos. Pero se los robaron. Y la ermita siguió abandonada y tocada por la maldición de estar por siempre en ruinas.

Pero no hay mal que por bien no venga. Fascina su belleza. La hiedra trepa por los muros y brota por el vacío de la techumbre. Las parras también se enganchan a los muros y contrafuertes.

En su interior, crece incluso una higuera. La vegetación se ha hecho dueña de las piedras. Y ahí estriba el romanticismo de la ermita de Petracos. Solo se le conoce un uso. Durante algún tiempo se utilizó como corral. El primer fin de semana de septiembre los vecinos de Castell de Castell celebran en este paraje una fiesta campestre. Es entonces cuando redescubren la magia de este desmedrado templo.

Las ruinas también tienen su encanto. Esta robusta construcción soporta bien el paso del tiempo. Es más, que la vegetación la abrace y le brote de dentro acrecienta su belleza. Además, está rodeada de higueras y cultivos de secano.

Quienes acuden a visitar las pinturas rupestres no le prestan mucha atención a la ermita. Y eso que está junto a la carretera. No hay carteles que difundan su historia y ni un solo indicio de que esa construcción sea una ermita. Sí, se le adivina la traza religiosa, pero el abandono despista y quienes pasan ante ella suelen pensar que es una más de las antiguas casas abandonadas en el interior de la Marina Alta.