El talud de la Caleta del Port de Xàbia ha sufrido desde las furibundas lluvias torrenciales de 2009 derrumbes tremendos. El ocurrido en ese episodio de precipitaciones se llevó un tramo de la calle que está sobre el talud y dejó aisladas durante meses las casas (los coches se sacaron "volando" con una gran grúa). La solución de la conselleria de Obras Públicas siempre había sido la misma: levantar poderosos muros de hormigón. Una mole, vamos. El impacto paisajístico era de aúpa.

Pero la conselleria ha caído en la cuenta de que en un entorno con historia, cultura y tirón turístico como es el del Puerto de Xàbia había que cuidar la estética. El pasado mes de enero contrató por 1,5 millones de euros las obras para reforzar otro tramo de este talud. El muro ya está terminado y el resultado dista un mundo de las moles de hormigón.

El muro es de piedra y se ha plantado vegetación (palmeras, acebuches y arbustos mediterráneos). Incluso en el muro se ha creado una suerte de ventanas repletas también de vegetación. El verde rompe la homogeneidad de la piedra. Se agradece la apuesta por el paisajismo.

También se ha construido una escalera, pero, en principio, su uso será el de permitir que se cuide del jardín que adorna el muro. Está cerrada. Arriba podría crearse un mirador, pero el gran problema es la accesibilidad. Una persona con movilidad reducida no podría subir y ya se sabe que hay que facilitar que todo el mundo disfrute de los espacios públicos.

Este muro linda con un espacio histórico de gran valor, el almacén de torpedos de la Guerra Civil. Sus galerías se meten en la montaña.