Suscríbete

Levante-EMV

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Atrapado en el puerto fantasma de Calp

Alfredo Carranza, de 58 años, vive en un barco averiado que no puede reparar porque le han robado la herramientas

Alfredo Carranza, de 58 años, vive en un velero y está atrapado en la ruinosa dársena de Puerto Blanco

Si ir de aquí para allá en una caravana se ha convertido en una nueva forma de vida (retratada en la película «Nomadland», de Choé Zhao), navegar de puerto en puerto encarna igualmente ese llevar la casa a cuestas. Alfredo Carranza, de 58 años, vive en un pequeño velero. «Mi idea era ir atrancando en distintos puertos», afirma. Pero su proyecto nómada ha naufragado. Compró con sus últimos ahorros la embarcación y viajó a Calp desde Cullera, donde había tenido muy malas experiencias laborales. «Mi jefe me echó y he dormido incluso en los campos de arroz».

El barco le esperaba atracado en la dársena abandonada, ruinosa y llena de cochambre de Puerto Blanco. Esa era su nueva casa. Debía reparar el velero para hacerse a la mar. «Pero me robaron las herramientas y un grupo electrógeno. Lo que se llevaron tenía un valor de unos 3.000 euros. Y ahora no tengo nada. Me he quedado aquí atrapado», relata.

Y sí, Alfredo lleva unas cuatro semanas viviendo en un puerto fantasma. Su velero no es, desde luego, el llamado libertad al que cantaba Perales. Aquí hay otras embarcaciones hundidas o que están al seco y destrozadas. El edificio del antiguo restaurante es una ruina. Ha pasado la marabunta. Este puerto ha salido del apocalipsis.

«Aquí se hace botellón casi todas las noches. Algunos jóvenes saltan a mi barco. Creen que no hay nadie. Cuando salgo, se llevan un buen susto».

Una embarcación hundida en Puerto Blanco A. P. F.

Alfredo afirma que han acudido agentes de la Guardia Civil y se han sorprendido cuando han descubierto que él vive allí. «Les he explicado que no tengo otro sitio adonde ir».

No ha podido ni zarpar, pero sigue confiando en poder reparar la embarcación. «Me han dicho que en marzo empiezan aquí las obras para restaurar el puerto y que me tendré que ir. No sé cómo».

El antiguo restaurante está arrasado. A. P. F.

Alfredo vive de la ayuda que le dan algunos amigos. «Pero, claro, empiezan ya a cansarse». Dice que no se le caerán los anillos si tiene que mendigar. Camina hasta el núcleo urbano de Calp (es una caminata de aúpa) para aprovisionarse de garrafas de agua. «La necesito para beber, asearme y ducharme».

El dique, destrozado, y, al fondo, el "sky line" de la playa de Calp A. P. F.

Compartir el artículo

stats