Es un aparcamiento de los llamados disuasorios. Se deja el coche y se accede a pie al casco urbano de Dénia. Es la mejor manera de evitar meterse en atascos y de dar vueltas y vueltas para encontrar un hueco en el que dejar el vehículo. Pero ese aparcamiento público del Bosc de Diana es un barrizal. Las lluvias lo han dejado embarrado. En los días de fallas, cuando aparcar en Dénia es una odisea, dejar aquí el coche obligaba a pisar charcos y a mancharse de barro. La gravilla que se arrojó hace meses ha desaparecido.