Las fuertes lluvias de ayer en la Vall de Laguar (cayeron casi 200 litros por metro cuadrado en 24 horas), en la cabecera del río Girona, han provocado una gran crecida de este río. Pero la situación está controlada. Baja un gran volumen de agua, pero el río está lejos de desbordarse. Además, el agua corre sin arrastrar elementos que puedan formar tapones en los puentes o en los puntos en los que el cauce se estrecha.

Paso por el río cerrado en Beniarbeig. A. P. F.

En otras crecidas, y sobre todo el la devastadora riada de octubre de 2009, el violento caudal arrastraba gran cantidad de cañas. La estrategia de "solarización" llevada a cabo por la Cofederación Hidrográfica del Xúquer ha surtido efecto. Consiste en colocar plásticos en el lecho del río. El sol calienta los plásticos y debajo de ellos se alcanza una elevada temperatura que acaba con los rizomas de las cañas invasoras Arundo donax. En el Girona, se ha tapizado con plásticos el tramo entre Beniarbeig y el Verger, donde antes se formaban espesísimos cañaverales. En estos tramos en los que se eliminan las cañas, se plantarán especies de ribera como álamos, tarays, fresnos, olmos o sauces. Las raíces de estos árboles dan consistencia a las laderas de los ríos y evitan arrastres de tierra.

El Girona, desde la calle Divina Aurora de El Verger, que quedó devastada en la riada de 2009 A. P. F.

Los puentes sin arcos ni pilares (como el que se construyó en Beniarbeig tras derribar la riada el viejo) también facilitan que fluya el caudal.

La crecida impresiona. Ha llovido una barbaridad en la cabecera del Girona. Además, hay barrancos, como el del manantial de la Bolata de Tormos que aportan muchísima agua a este río.