En 2017, el histórico Bar Calpe bajó la persiana. El municipio perdía más que un bar. Este negocio es historia de la cocina local e historia de tantos y tantos encuentros. Está en pleno corazón del casco antiguo. El local cerrado echó telarañas. La plaza se quedó sin vida.

El pasado fin de semana el Bar Calpe volvió a la vida. La tarde del sábado, la de la extraordinaria tromba de agua (las calles eran ríos y cascadas), este establecimiento se convirtió en refugio. Acudieron numerosos clientes y los cofrades de la Semana Santa. No paraba de llover y de la «picadeta» pasaron a la cena y a la sobremesa. Hasta que no se abrió el cielo no salieron de las familiares y acogedoras paredes.

«No era muy consciente de lo que significaba el Bar Calpe. Ahora me doy cuenta de que la gente tenía muchas ganas de volver. La acogida ha sido extraordinaria. Estoy muy agradecida a todo el pueblo», comentó ayer la nueva propietaria, Ángeles Quesada.

Se hizo cargo del negocio en 2019, pero llegó la pandemia. El pasado fin de semana, por fin, volvió a la vida este histórico bar, que es esencial para reactivar el casco antiguo. Recupera una cocina de siempre que cada vez es más difícil de encontrar. Triunfan las coques de dacsa y el pescado de la lonja de Calp. «Apostamos por las tapas de toda la vida», indicó Ángeles. La esencia marinera le da sentido a todo. En la fachada, pintada de azul, destacan los grandes dibujos del Penyal d’Ifac y de un pesquero.