Alfredo Carranza, de 58 años, lanza un mensaje desesperado: las olas saltan por encima del dique del puerto fantasma de Puerto Blanco y caen sobre su velero, en el que vive desde hace 4 meses. Teme que el barco se vaya a pique con él dentro. Ese precario velero es lo único que posee. Gastó sus últimos ahorros en comprarlo. Confiaba en ir de puerto en puerto, como un marino nómada. Pero le robaron las herramientas y un grupo electrógeno (afirma que estaban valorados en 3.000 euros). Se quedó sin nada. Malvive en un velero precario y averiado. Está atrapado en un puerto abandonado y que es una ruina. El destino es una tormenta perfecta.

Encerrado en un cascarón en plena tempestad en Calp

«No puedo salir», grita Alfredo desde dentro de su cascarón. «Si abro la escotilla se me mojan todas las mantas y puede entrar agua y hundirse el velero», advierte. A través de los ventanucos, se le adivina arrebujado en las mantas.

El barco cabecea. Las olas rebasan el destrozado dique y caen dentro de la dársena. Además, llueve con intensidad. Alfredo ha tomado precauciones. El barco está fuertemente amarrado a los noráis. Ha tapado los resquicios por los que puede colarse el agua.

Da a entender (es difícil comunicarse con alguien que está encerrado en un estrechísimo habitáculo) que está viviendo con gran angustia la tempestad. Lamenta que nadie le ayude, que se haya convertido en un fantasma en un fantasmagórico puerto abandonado.

Alfredo llegó a Puerto Blanco desde Cullera el pasado mes de enero. Quería escapar de malas experiencias laborales y vivir libre haciendo trabajos puntuales de puerto en puerto. Quería soltar amarras. Pero se quedó varado. El robo de las herramientas le ha impedido reparar el velero que compró y que su antiguo dueño amarró en un puerto que parece maldito. Esta dársena está totalmente destrozada. Hay un par de barcos hundidos y otros están hechos añicos ya que caen sobre ellos las piedras del dique que desgajan las olas.