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Adiós a los tres últimos franciscanos de Pego

La orden cierra el convento fundado en 1894 y traslada a sus tres frailes. «Ha sido una sorpresa, pero lo aceptamos con resignación», afirma el padre Ángel

El padre Ángel, de 68 años, en el claustro del convento

«Sí, es una página de la historia de Pego que ahora acaba». El padre Ángel, de 68 años, admite que tanto él como los otros dos frailes del convento de la Sagrada Familia sienten una punzada de nostalgia. La orden franciscana ha decidido cerrar este convento fundado en 1894. «Lo construyeron los propios vecinos porque querían que los franciscanos volviéramos al municipio. Siempre nos hemos sentido muy queridos».

La iglesia del convento se terminó de construir en 1901 A. P. F.

La presencia de esta orden en Pego se remonta a hace casi 400 años. El primer convento estuvo en la Plaça del Mercat. Fue expropiado en 1836 con la desamortización de Mendizábal. Los franciscanos han tenido en este pueblo seminario menor. Mantienen un colegio de infantil y de ESO (de San Antonio), que va a seguir funcionando y que incluso podría ahora aprovechar algunas dependencias de un convento que, de momento, se queda sin uso. Otra opción es que la orden ceda el edificio conventual al ayuntamiento.

Uno de los silenciosos corredores del convento franciscano A. P. F.

Sus tres últimos frailes, el citado padre Ángel, el padre Ismael, de 82 años, y el padre Rubén, de 45, no se esperaban que esta «casa» fuera una de las que se clausurara en esta última reestructuración de la orden. El padre Ángel afirma que ahora se van a cerrar los conventos de Logroño, Lleida, Cehegín o Cádiz.

«Pero no contábamos con que también se incluyera el de Pego. Ha sido una sorpresa. En junio acabamos el curso parroquial. Y el 1 de septiembre ya estaremos en nuestra nueva casa. Estamos educados en la transitoriedad. Nuestra espiritualidad es de peregrinos y de estar de paso. Aceptamos nuestro traslado con resignación», explica el padre Ángel. A él, que ha estado durante dos etapas en Pego (de 1991 a 2003 y de 2013 hasta ahora), lo trasladan a Vila-real, al padre Ismael a Cocentaina y al padre Rubén a Murcia.

«Somos parte de la historia de este pueblo. Los pegolinos han levantado dos conventos para los franciscanos», advierte el padre Ángel, que subraya que «hay que asumir la realidad» y la crisis de falta de vocaciones a la que se enfrentan las órdenes religiosas. «Es como cuando alguien adelgaza mucho y el traje le viene grande. Hay que entrarle por todos partes. Eso nos pasa a nosotros. Somos menos frailes y tenemos que reagruparnos».

Este franciscano reivindica la importancia de la orden en el pueblo y recuerda que los frailes han participado en la vida cotidiana y han creado la coral, han entrenado a equipos de fútbol e incluso pusieron en marcha una emisora de radio o una estación meteorológica.

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