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La poesía se agarra a las paredes de Xaló

Dieciocho murales con versos y fragmentos literarios dibujan una ruta poética que rescate espacios urbanos degradados y los embellece

La poesía se agarra a las paredes de Xaló

Las calles de Xaló son un poema. Es una afirmación que hay que tomar al pie de la letra. No esconde dobles sentidos. En septiembre de 2019, se pintaron los dos primeros murales literarios. Fue un aldabonazo. Los versos rescataban paredes degradadas. Muros de bloques de hormigón y paredes desconchadas resucitaban con el arte y la literatura. Nació «Pinta’m un poema», una ruta poética que ya cuenta con 18 obras. La iniciativa respondía a la pregunta que lanzó Sylvia Plath en uno de sus poemas: «¿Qué alivio puede extraerse de una roca para conseguir que un corazón asolado reverdezca?». Sí, es más que reconfortante darse de bruces con estos muros y descubrir que incluso en las paredes olvidadas puede brotar la inspiración.

La poesía se agarra a las paredes de Xaló

Los poemas son del pueblo. Sin la complicidad de los vecinos esta ruta sería un imposible. Son ellos los que ceden las paredes. Luego descubren con orgullo que lo que ellos tenían no era un muro, sino un inmenso lienzo.

La poesía se agarra a las paredes de Xaló

Mientras, el ayuntamiento está encantado. Aporta los materiales y al albañil que las enluce las paredes para los murales.

El arte urbano está de moda. Y de ahí que ahora lo difícil sea encontrar la originalidad. Y también es importante que los pueblos lo lleven a su terreno. Y esta ruta poética es, desde luego, universal, pero también está enraizada en el paisaje. Los fragmentos literarios retratan la esencia de Xaló y de la Marina Alta. No en vano pertenecen a autores que se inspiran en la comarca y al tiempo revelan -a veces con ironía, a veces con lirismo- sus contradicciones. Hay versos de Estellés (sobre la pasa y la uva), Marc Granell, Miguel Hernández, Joan Miquel Romà, Carles Mulet, Júlia Vela o Salvador Bolufer. Los artistas plásticos también han reproducido y se han inspirado en fragmentos de Bernat Capó, Just I. Sellés o Elvira Cambrils. De la autora de Pego, se lee en el muro de un aparcamiento (al otro lado están los contenedores de basura) el siguiente pasaje de su novela Ariadna Adormida: «Els ametlers floriran cada hivern, beurem el nostre vi, collirem tomaques del bancal, les oliveres de Bèrnia ens donaran oli i els meus fills aprendran a etimar la vall. I si l‘estimen, pare, la protegiran». Sí, el muro anodino tenía mucho que decir.

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