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Dora, la artista ciega de Xàbia que ve el mundo con las manos

«No quiero demostrar nada a nadie, sino convencerme de que soy capaz de todo»

Dora muestra su lienzo inspirado en Sorolla al concejal de Cultura y a Toñi Soler

Dora muestra su lienzo inspirado en Sorolla al concejal de Cultura y a Toñi Soler / Levante-EMV

Alfons Padilla

Alfons Padilla

Xàbia

Dora Roselló sonríe y sabe que sonríes porque su alegría es contagiosa. Así se relaciona con el mundo. Así crea. Es sorprendente que esta vecina de Xàbia de 53 años, que se quedó ciega en 2008 (sufrió un tumor en la cabeza que la dañó irreversiblemente las pupilas), pinte paisajes y obras figurativas. Pero cuando se la conoce todo cobra sentido. Su mundo tiene relieve. Toca lo que quiere trasladar al lienzo (un búho de cerámica, por ejemplo) y logra imprimir vida a su pintura.

Dora, la artista ciega de Xàbia que ve el mundo con las manos

Dora crea con total autonomía. Lleva 4 años en la Escola de Pintura Mediterrània / Levante-EMV

«Cuando se matriculó, no sabíamos que no veía. Fue un reto para ella, pero también para mí. Desde el primer día las dos tuvimos muy claro que iba a hacer lo mismo que sus compañeros. Lleva ya cuatro cursos y ha evolucionado muchísimo». Toñi Soler, profesora de la Escola de Pintura Mediterrània, afirma que le molesta que se dude de que Dora crea con total autonomía sus obras. Ella le hace las mismas indicaciones que a los otros alumnos. Sí que le da los colores que esta pintora quiere utilizar en sus obras. Es la única ayuda.

Dora, la artista ciega de Xàbia que ve el mundo con las manos

Dora junto a su profesora, Toñi Soler / Levante-EMV

«Es Dora la que nos enseña a nosotros. Su valentía es un ejemplo. En clase es aplicada y muy creativa. Encuentra soluciones y ha avanzado muchísimo. Y nos admira cómo se las ingenia fuera de clase. Esa misma autonomía que demuestra aquí la tiene en su vida cotidiana», destaca Toñi.

«Claro que me esfuerzo. Pero no para demostrarle nada a nadie. Lo hago por mí. Para convencerme de que soy capaz», revela la artista, que junto a Toñi ha desarrollado una suerte de metodología para pintar a ciegas. Dora trabaja primero con plastilina y luego con barro y cartón. Se familiariza con el volumen de lo que quiere plasmar en el lienzo. Suele utilizar arena, grava o serrín para crear texturas y reproducir el mar, las rocas o el cielo.

La Escola de Pintura Mediterrània ha querido este año en la exposición de final de curso (está en el Centre d’Art A. Lambert) rendir homenaje a Sorolla. El cuadro de Dora reproduce una playa salvaje, un mar azul en el que rompen las olas y a una joven ataviada con un vestido que ha cosido también la autora.

«Aquí, en clase de pintura, pierdo la noción del tiempo», afirma Dora, que admite que se permite a veces algunas licencias surrealistas. «Me gusta recrear el cielo con tonos violetas y grises».

«Dora es especial», apunta Toñi, que aclara que se refiere a ese don que su alumna tiene para «hacer piña» e inspirar a sus compañeros.

«Quien no me conoce lee en mi frente un cartel de ‘no puede’», lamenta Dora. Ella se ha rebelado contra los prejuicios. Vive sola, cocina, camina por la calle y cruza por los pasos de peatones las calles (si escucha que un coche no para, extiende el bastón y obliga al conductor a frenar), hace gimnasia y corre, ha aprendido a bailar sevillanas.

«Claro que puedo. Antes de quedarme ciega, era senderista y adoraba la naturaleza. He visto en la montaña la luna llena. Ese mundo lo tengo dentro y lo puedo expresar con la pintura».

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