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Dieciocho vigilantes y una misión: evitar las agresiones a la posidonia

Mireia Mollà confía en que los navegantes «corrijan» la práctica de fondear en las praderas y no se llegue a sancionar con entre 3.000 y 200.000 euros

Los vigilantes de la posidonia y los guardacostas de Dénia, en aguas de les Rotes. | A. P. F.

Sancionar es el último recurso. Pero la consellera de Agricultura, Desarrollo Rural, Emergencia Climática y Transición Ecológica, Mireia Mollà, ya dejó claro ayer que si algún navegante no se aviene a razones y arroja el ancla en la posidonia oceánica la multa será de aúpa. Es una infracción grave y se sanciona con entre 3.000 y 200.000 euros.

Pero la consellera está convencida de que no se llegará a ese extremo y funcionará la pedagogía y la concienciación. «Vamos a corregir las prácticas inadecuadas y las agresiones a la posidonia», insistió Mollà, confiada en que nadie se va a obcecar en dañar los fondos marinos tras explicarle los vigilantes del servicio de protección de la posidonia que los «grandes bosques» valencianos (44.000 hectáreas nada menos) están sumergidos y son cruciales para combatir el cambio climático.

Mollà estuvo ayer en Dénia y presentó el servicio de protección de la posidonia. Lo integran 18 vigilantes, que patrullarán en ocho zódiacs de llamativo color amarillo. Dénia y València tendrán bases fijas (la vigilancia se prestará hasta el 30 de noviembre). Mientras, las embarcaciones itinerantes (la vigilancia estará activa hasta el 31 de agosto) estarán en Xàbia (su cala de la Sardinera es una de las de mayor presión náutica del litoral valenciano), Calp, Alcalà de Xivert, Orpesa, Alicante y Torrevieja.

La puesta en marcha de este servicio coincide con la entrada en vigor del decreto para la conservación de fanerógamas marinas en la Comunitat Valenciana. Mollà señaló que se sigue el camino abierto por les Illes Balears, pionera en la protección de la posidonia y en luchar contra los fondeos en las praderas de estas plantas endémicas del Mediterráneo. Precisó también que la experiencia de les Balears le hace ser optimistas sobre el cumplimiento de las normas y la concienciación cada vez mayor del turismo náutico.

Tres de las zódiac del servicio de vigilancia y, a bordo, los vigilantes Levante-EMV

Este sector ha pedido que se instalen más boyas de fondeo. La consellera matizó que colocar estas balizas a las que se enganchan las embarcaciones y así no tiran el ancla es cosa de los ayuntamientos.

Mollà también anunció que su departamento está trabajando con el Oceanográfic para actualizar la cartografía de las praderas de posidonia y crear una aplicación que permita a los navegantes saber donde por nada del mundo tienen que fondear.

La consellera y los vigilantes del servicio de protección de la posidonia oceánica Levante-EMV

Tanto la consellera como la secretaria autonómica de Emergencia Climática, Paula Tuzón, insistieron en que esta planta marina crea valiosísimos ecosistemas y absorbe grandes cantidades de CO2. Estos grandes «bosques» valencianos están sumergidos. Subrayaron que los arribazones (las hojas muertas de posidonia que los temporales sacan a las playas) actúan como barreras naturales que frenan la erosión del litoral. Mollà advirtió de que el Mediterráneo es una de las zonas que va a sufrir los efectos más críticos del cambio climático. Insistió en que la posidonia es un aliado para salir bien parados de esa crisis planetaria.

Los vigilantes ya surcan la costa valenciana. Van a tener que hacer mucha pedagogía. En Xàbia y Dénia lo saben bien. En el primer pueblo primero la policía local y luego la empresa de balizamiento ya realizaban esta labor de concienciación. En Dénia, son los guardacostas quienes reprenden a los navegantes que se hacen los despistados y tiran el ancha en las praderas protegidas.

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