«Cerrado para siempre». Cada comercio es un mundo. No se entienden sin sus dueños, sin esas familias que han dedicado sus vidas a sacar adelante el negocio.

Brigitte Kratzer admite que le entristece bajar la persiana de la tienda de artículos de piel que abrió su madre, Hilde (ese es el nombre también del comercio), hace ahora 46 años en la calle Sant Bertomeu, en pleno corazón del centro histórico de Xàbia. «Claro que me da pena. Vamos a echar mucho de menos a nuestros clientes», afirma Brigitte.

La actual responsable de la tienda tiene 64 años. Podía haber seguido unos años más. Pero explica que los fabricantes españoles de piel a los que compraba las prendas que vendía en la tienda han cerrado. Se les ha juntado la pandemia y la competencia de la venta online y de los bazares. Hilde ofrecía productos de calidad. Brigitte no está dispuesta a proveerse de artículos de piel de importadores que no están a la altura de los materiales ni de los acabados que distinguen a su comercio. «No vamos a engañar a nuestros clientes. Los fabricantes españoles que siguen trabajando son muy caros. Y no vamos a traer artículos de piel de importación que no tienen la calidad que nos caracteriza», advierte.

Brigitte y Hilde, hija y madre han llevado el negocio durante 46 años

Brigitte recuerda que tanto ella como su madre han pasado muy buenos ratos en la tienda. Sus clientes principales eran residentes extranjeros. «Aquí han venido tres generaciones de la misma familia, los padres, los hijos y los nietos. Al final, éramos amigos y nos tomábamos un vino. El local es muy especial. Para mí ésta es la mejor calle de todo el centro histórico de Xàbia».

En el escaparate de ese local, está ahora el cartel en el que Brigitte da las gracias en su nombre y en el de su madre a los clientes. Y este es el drama del comercio de barrio, de proximidad. Cuando se retiran los comerciantes que cada día levantan la persiana, el cierre es, como reza el cartel, para siempre.