Sí, la cosa pintaba mal. Antonio Magán confiesa que dejó de beber el 19 de febrero de 2020 y que estaba, por decirlo fino, en horas bajas cuando se le vino encima el confinamiento por la pandemia de la covid. “Sufría taquicardia, ansiedad, angustia...”. Pero la salvación estaba “debajo de un almendro” (guiño a Jardiel Poncela). Mientras se agotaba extrañamente en los supermercados el papel higiénico, Magán se puso a escribir y su primer cuento iba de un árbol. Se inspiró en un almendro calcinado que está cerca de su casa de Xàbia y el cuento le llevó a los almendros de Tobarra (Albacete) y a la infancia.

Este escritor y periodista (ejerció el oficio de “plumilla” durante 10 años) se reencontró con la escritura. “Llevaba 15 años sin escribir y dejarlo fue un gran error porque escribir es mi vida. Tengo mil historias en la cabeza”. Ese primer cuento lo publicó en “facebook”. Al día siguiente lanzó otro y así día tras día. Amigos y desconocidos se los pedían. Querían tomarse el primer café de la mañana y desperezarse con las genialidades de Antonio Magán.

“No sé que es el pánico al folio en blanco”, afirma este escritor, que atiende a Levante-EMV en su tienda de antigüedades y de segunda mano de Xàbia. Además, regenta una librería virtual de lance. “Esto, la carcoma y las antigüedades, es mi trabajo. Pero no soy yo. Puedes ser el mejor trabajador, el mejor empresario y el más gilipollas del mundo. Esta sociedad burguesa premia eso de emprender y triunfar. Pero para mí es más importante la creatividad y la originalidad. Lo mío es contar historias. Al volver a escribir, he recuperado mi ser”.

Los relatos son hoy un libro, “83 cuentos de mierda”, el tercero de Antonio Magán tras “Agotado de esperar el fin” y “Retratos. Periodismo samurái”. El libro comienza con un cuento inédito titulado “Los incapacitados”. El autor es incorrecto y reivindica la literatura sin autocensuras. Su escritura tiene el nervio gamberro del periodismo gonzo de Hunter S. Thompson. Su prosa bebe de la poesía cruda de Bukowski. Destila retranca manchega y sarcasmo valenciano. Antonio Magán, que es de Albacete, pero siempre ha estado muy vinculado a València, se lo pasa pipa. Le pirra la ironía sicalíptica valenciana. Y lamenta que en estos tiempos de tanta corrección y solemnidad se haya perdido el sentido del humor.

Ahora está enfrascado en escribir una novela negra. El protagonista es “el Mustio”. Antonio Magán está en vena. Felizmente ha vuelto el escritor que guardó silencio durante 15 años.