«L’escaldà» se ríe del calendario. Y es un síntoma de que este proceso tradicional de convertir la uva de moscatel en pasa, declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en 2018, recupera su brío y sale de la marginalidad. El año en el que «l’escaldà» ha llegado a las aulas (el IES Sorts de la Mar de Dénia la realizó en su jardín cultural y el Auditorio de Teulada Moraira la llevó a cabo ante los alumnos de los dos colegios del pueblo), este patrimonio agrícola de la Marina Alta rompe fronteras.

Un caballo bellamente enjaezado A. P. F.

La fiesta de «l’escaldà» se ha vivido este domingo en Llíber. Los Carreters de este pueblo de la Vall de Pop han recreado perfectamente una tradición que es propia del mes de septiembre. A finales de agosto se vendimia la uva de moscatel y, al empezar septiembre, se enciende la caldera y se escaldan los racimos. La uva, tras una semana al sol, ya es deliciosa pasa.

La fiesta fue posible gracias a algunas licencias. La uva que se escaldó era del Vinalopó. A. P. F.

«L’escaldà» del domingo fue ciertamente peculiar. Por realizarse en diciembre y por la variedad de uva. Ahora no hay moscatel. Así que se empleó uva del Vinalopó, que es la de las campanadas de Nochevieja. El proceso fue el de siempre. Pero lloviznaba. Y rápidamente hubo que desplegar las velas (telas) y cubrir los cañizos sobre los que se deposita la uva tras escaldarla.

Llíber y la Vall de Pop son tierra de riuraus. La conservación de algunos de ellos es deficiente. Es un patrimonio arquitectónico de gran valor. A. P. F.

Esta «escaldà» a destiempo, que formaba parte de la primera Fira Gastronòmica de Llíber, divulga la riqueza agrícola de la Marina Alta. Trasciende la anécdota. Reivindica que la pasa de la Marina se convierta en uno de los manjares de la Navidad.

Y Llíber es el pueblo más idóneo para demostrar que este producto tiene mercado y futuro. Aquí la familia Mas comercializa pasa auténtica, con «pinyol» y de moscatel del Pla de Llíber, a través de su empresa Frutos Secos «La Pansa».

La pasa es, por tanto, más que historia. «L’escaldà» resurge poco a poco. Deja atrás los años en los que estuvo a punto de desaparecer. En el siglo XIX, su exportación a medio mundo revolucionó la comarca. La filoxera arruinó la prosperidad de un territorio que ahora rescata su pasado de moscatel, caldera y riuraus.