Con la lluvia se hace mucho sensacionalismo. Las inundaciones se atribuyen a sensacionales chaparrones. Pero cuando caen cuatro gotas y también se anegan las calles hay que buscar lo extraordinario en algo muy ordinario: la mala planificación urbanística. Durante años, se ha construido en antiguos humedales, en hondonadas y junto a barrancos.

En Xàbia ha llovido en los últimos días con «trellat». Ha habido aguaceros más intensos, pero nada del otro jueves. Las precipitaciones de ayer dejaron un máximo de 14 l/m2 en el núcleo urbano del puerto.

Sin embargo, este normalito episodio de precipitaciones ha dejado llamativas inundaciones. En la carretera del Cap de la Nau, junto al antiguo humedal del Saladar, los accesos a las urbanizaciones han quedado totalmente anegados. Los vecinos deben atravesar un «lago» para llegar a sus casas. La entrada a la urbanización Las Olas y a los bungalós Cofitsa ha acumulado mucha agua. No es un problema nuevo.

El acceso inundado a una de las urbanizaciones de la carretera del Cap de la Nau A. P. F.

Las lluvias no tienen la culpa. Xàbia sufre problemas estructurales que agravan el riesgo de inundaciones. Lo mismo ocurre en Dénia. Cuando llueve con cierta intensidad, siempre se inundan y se tienen que cortar los mismos caminos. Están en hondonadas. Caminos como el de la Bota, Fondo, del Assagador de la Marjal o del Llavador están predestinados, por ese topónimo que remite al agua o a una orografía hundida, a inundarse.