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Saltos sin fin en el acantilado de Xàbia

La abrupta costa impide frenar una peligrosa moda que cada año deja accidentes

Hay que coger carrerilla y realizar un salto limpio y decidido

Hay que coger carrerilla y realizar un salto limpio y decidido / A. P. F.

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alfons padilla. xàbia

El turismo en Xàbia se lanza al vacío. Es imposible frenar la moda de todos los veranos de saltar desde los acantilados. La costa es abrupta y, de punta a punta, de la Cova Tallada al Morro Roabit, hay la tira de kilómetros. Los bañistas que buscan el vértigo y la adrenalina lo tienen fácil. Y funciona el «boca a boca». Unos a otros se van desvelando dónde están los salientes desde los que tirarse al mar.

Un joven salta desde un saliente de roca. | A. P. F.

Un joven salta desde un saliente de roca. | A. P. F. / alfons padilla. xàbia

Estos saltos son peligrosos. Lo primero de todo es asegurarse de que el cortado es regular y no existe ninguna comba de piedra en el que golpearse. También hay que calcular muy bien si la profundidad es suficiente. Y hay que saber entrar bien en el agua. Los saltos tienen su intríngulis. Todos los veranos se producen accidentes. Algunos bañistas escalan por las rocas y, cuando miran abajo, les entra el tembleque. Se dan cuenta de que han subido más alto de lo que pensaban. Se lo piensan y se lo piensan. Atenazados por el miedo, saltan y muchas veces caen desmadejados y en mala postura.

Saltos sin fin en el acantilado de Xàbia

Un joven se impulsa y se lanza al vacío / A. P. F.

El turismo ha cambiado. Ahora parece que sin vértigo no hay vacaciones. El ayuntamiento advierte verano sí y verano también de que estos saltos son peligrosos. Pero no hay forma de evitar que algunos tramos del litoral de acantilados se utilicen como trampolines naturales.

Uno de esos tramos es el del Tangó, en los acantilados del cabo de Sant Antoni. En el saliente de roca donde en 1899 se instaló una plataforma de salvamento de náufragos (quedan algunos vestigios), que está a una altura de entre diez y quince metros del mar, se suelen juntar grupos de jóvenes. Saltan de uno en uno. Cogen carrerilla y se impulsan con fuerza para alejarse lo más posible de un cortado que no es del todo regular. El salto debe ser muy limpio y decidido.

A este recóndito litoral, llegan bañistas por una sinuosa senda o por mar en kayaks y tablas de paddle surf. También hay tripulantes de embarcaciones de recreo que arriban a nado.

Esta costa era hasta no hace mucho muy poco conocida. Los saltos le han dado fama. En el inicio de la senda, es fácil encontrar a jóvenes que preguntan si por ahí se va al acantilado de los saltos.

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