Desastre medioambiental
Los pinos secos y muertos se desploman en los miradores y las sendas de Xàbia
La caída de árboles de gran porte ya provoca un problema de seguridad en zonas forestales que registran un gran uso social

Un árbol desplomado y que impide el paso al mirador del Castell de la Granadella. | A. P. F. / A. P. F.

La cosa va de mirar, de paisaje y del desastre de los miles y miles de pinos secos y muertos. La cosa va de miradores, los de Xàbia, y de minadores (coleópteros como el «Tomicus destruens»). Montañas de la Marina Alta como el Montgó se han transformado en poquísimo tiempo (un par de años). La sequía y las plagas han hecho estragos en las masas forestales. Es cierto que había exceso de pinos (son pirófilos y proliferan tras los incendios y crean bosques impenetrables), pero ahora hay el mismo exceso y más de la mitad de estos árboles están secos y muertos. Una catástrofe medioambiental. Y un peligro. Un peligro por muchas razones. Una de ellas es que estos árboles están secos de las raíces a las acículas: son esqueletos. Y se desploman. Masas forestales de gran uso social (el senderismo está de moda) están repletas de pinos muertos. Han empezado a caer sobre caminos y sendas.

Pino caído sobre una senda de Xàbia / A. P. F.
Y uno de estos pinos secos de gran porte también se ha venido abajo en un mirador de Xàbia, el del Castell de la Granadella, que está en el inicio de la carretera que baja a la archifamosa cala. El pino se ha quebrado en su cepa. Cierra el paso al «balcón» que se asoma a un bellísimo paisaje, el de la abrupta costa de acantilados de Ambolo y la Granadella. No es que el árbol se haya desmoronado hace dos días. Ya lleva más de un mes caído en el mirador.
Si se salta por encima del tronco y se mira hacia abajo, a la inclinadísima ladera que se despeña hacía el mar, se observan decenas de pinos también muertos.
No muy lejos, en las pinadas de la partida de la Guàrdia, también se han tronchado decenas de pinos. Algunas de las sendas han quedado bloqueadas.

Pinos de la ladera sur del Montgó y chalés / A. P. F.
Así las cosas, el impacto de esta muerte masiva de pinos es más que paisajístico. El riesgo salta a la vista. Los árboles secos han empezado a desplomarse. Algunos de gran porte están junto a otros igualmente altos y, al caer, hacen efecto dominó: se viene abajo uno y se lleva por delante a otro y éste a otro más. La naturaleza es, también en los desastres, una cadena.
Esqueletos que arden como fósforos
Urge acometer trabajos forestales y retirar los pinos que representan un peligro. Además, esa leña seca es combustible para los posibles incendios. Los esqueletos secos arden como fósforos.
Y otro peligro es que cientos de estos pinos muertos se hallan en la interfaz urbano-forestal, en el linde entre los chalés y los bosques. La caída de árboles también puede causar daños en estas viviendas.
Además, ahora ha vuelto a saltar la alarma por la reiteración de incendios en el parque natural del Montgó. Este pasado martes se declaró uno en la ladera sur, en la partida del Bisserot. No comenzó junto a la carretera de Jesús Pobre a la Xara (si hubiera sido así, la hipótesis más fácil era la de la colilla arrojada desde un coche), sino montaña arriba. Y este viernes, a poca distancia, se originó otro fuego con dos focos separados por 60 metros. Los bomberos lo apagaron a toda prisa. Quedó en un conato. Los incendios forestales, con el cambio climático y al existir esa gran masa de pinos muertos, se han desestacionalizado.
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