OPINIÓN
Poder y machismo en Xàbia
Contundencia es una palabra pugilística. La alcaldesa no es de grandilocuencias. Pero ha actuado con firmeza al destituir al portavoz de Vox investigado por acoso sexual. No ha cedido a las bravuconadas y amenazas. Eso sí, solo ella sabrá las presiones que está soportando de quienes codician el poder a toda costa

El portavoz de Vox en Xàbia, José Marcos Pons Devesa / Levante-EMV

Los personajes (años 80, años de dinero, progresía y desencanto) reflexionan sobre el éxito. ¿Qué quiere decir? “Lo que ha querido decir siempre. Poder”, zanja uno de ellos, el más cínico (“El pianista”, de Manuel Vázquez Montalbán).
Es una concepción macarra del éxito, sí. ¿Superada? No. El poder, la arrogancia y la chulería han contaminado la palabra éxito, se han apoderado totalmente de ella.
¿Qué quería cambiar Vox en Xàbia cuando en las pasadas elecciones presentó de candidato a José Marcos Pons? La campaña fue rudimentaria. El negacionismo lo infectaba todo. No ocultaba que quería entrar en el ayuntamiento "per a manar”, para tener la sartén por el mango. Poder: eso era lo que ambicionaba. Ese era su “proyecto político”. El vídeo en el que Abascal le estrechaba la mano y él, inmediatamente, se giraba hacia el móvil y preguntaba “¿me has grabado?”, ya expresaba el culto al líder y el deseo de convertirse en un mandamás de “plaça major", en un caciquillo de "poble".
Y salió de concejal y el poder era suyo: su voto decantaba la balanza, le daba la alcaldía a Rosa Cardona, del PP, y mandaba a la oposición al alcalde socialista durante 12 años, José Chulvi, quien había vuelto a ganar las elecciones, pero perdió la mayoría absoluta. El día que Rosa Cardona tomó posesión, José Marcos Pons le estampó un grosero beso en la mejilla. El momento lo captaron algunos fotógrafos. Ya entonces dejaba mal cuerpo.
Tenía muy claras las concejalías que quería: turismo (el poder de la imagen) y el ciclo del agua y la empresa pública de suministro (controlar el grifo de la desaladora, la obra pública más importante de toda la historia de Xàbia).
Ese ansia de poder explica la furibunda reacción de José Marcos Pons y su partido ahora que la alcaldesa le ha retirado las delegaciones por las sospechas, tozudas sospechas, de que acosó sexualmente a una asesora municipal adscrita al grupo municipal de Vox. Cuando trascendió la investigación (de Vox, de parte, iniciada por la denuncia interna de la víctima y abocada a cerrarse en falso: un partido que niega la violencia machista justifica estas “hombradas”), el concejal de extrema derecha no se enfureció tanto. Anunció, eso sí, querellas a diestro y siniestro, incluso a la víctima, que no había hecho más que pedir protección a su partido. Ha sido cuando lo han apartado del poder cuando ha estallado, cuando ha sacado el colmillo y ha amenazado a la alcaldesa con hacerle sudar sangre en cada pleno y en cada votación. Está decidido a vapulear al gobierno local, ahora en minoría. Ha sido una reacción pendenciera, de puro revanchismo.
¿Queda Rosa Cardona en una situación de debilidad? No. Al contrario. Su deber es defender a la víctima y creer en ella (el machismo es devastador). Claro que no podía entrar en tacticismos políticos ni dejar correr un caso tan grave. No retirar las delegaciones al portavoz de Vox significaba mantenerlo en ese poder del que ha abusado
La clave es, efectivamente, el poder, el poder tóxico, ese que ejerció este concejal sobre una “subordinada”. El protocolo de acoso laboral del ayuntamiento describe perfectamente ese abuso de autoridad (de poder) de un superior jerárquico.
¿Queda Rosa Cardona en una situación de debilidad? No. Al contrario. Su deber es defender a la víctima y creer en ella (el machismo es devastador). Claro que no podía entrar en tacticismos políticos ni dejar correr un caso tan grave. No retirar las delegaciones al portavoz de Vox significaba mantenerlo en ese poder del que ha abusado.
Es muy consciente de que lo mejor para Xàbia, para el progreso social, para la convivencia y para la normalidad democrática es lanzar un mensaje muy claro de que hay que estar con las víctimas y avanzar en erradicar el machismo
La alcaldesa del PP ha sido extremadamente cautelosa y comedida. No ha actuado con precipitación. No ha puesto en cuestión la presunción de inocencia. Ha escuchado a la víctima. Ha entendido que a Pons no se le puede justificar con eso de que “ell és com és”. Ha meditado mucho su decisión. Es muy consciente de que lo mejor para Xàbia, para el progreso social, para la convivencia y para la normalidad democrática es lanzar un mensaje muy claro de que hay que estar con las víctimas y avanzar en erradicar el machismo. Todos los actos simbólicos de condena de la violencia contra las mujeres, toda la pedagogía y concienciación del 25N cobran sentido ahora, cuando se actúa con determinación ante un supuesto caso de acoso sexual.
Contundencia es una palabra pugilística. La alcaldesa no es de grandilocuencias. El ruido mediático la sobrepasa. Se toma su tiempo. Pero ha demostrado firmeza y no se ha plegado a las bravuconadas ni amenazas. Eso sí, solo ella sabrá las presiones que está soportando de quienes codician el poder a toda costa.
Suscríbete para seguir leyendo
- Llíber multa en una mañana a una multitud de ciclistas por saltarse tres direcciones prohibidas
- De las balas (perdigonazos) a los balidos: las cabras vuelven al Montgó y ya pasturan en el antiguo campo de tiro de Xàbia
- Un nuevo turismo en Xàbia que levanta polvaredas
- El hospital de Dénia 'pierde' a una paciente de 68 años: sus hijos denunciaron la desaparición y la buscaron durante más de 20 horas
- Condenan a la aseguradora del hospital de Dénia a indemnizar con 483.000 euros a un paciente al que amputaron una pierna por un diagnóstico erróneo
- Agua residual a borbollones: nuevos vertidos contaminan el río Gorgos en Xàbia
- La gamba roja de Dénia, a 235 euros
- La amistad tiene premio en Dénia: diez amigos compran a última hora el décimo del primer premio del Niño